Recuérdenle al Ejército que no es bienvenido en Santiago Atitlán

COMPARTE

Créditos: atitlán
Autoridades de la comunidad de Santiago esperan que su petición sea atendida por el gobierno. Foto: David Toro

Por David Toro

10 de diciembre de 2018

Los lunes en la ciudad están plagados de conferencias de prensa. Siempre hay algo nuevo para enterarse, o problemas viejos que nunca se resuelven, en la capital guatemalteca. Este lunes me dirigí a la zona 1 para presenciar el pronunciamiento de las autoridades de Santiago Atitlán, sobre el reciente ingreso de soldados a este territorio. En Santiago el Ejército de Guatemala tiene prohibido poner un pie desde la masacre de 13 Tz’utujiles en 1990. Hace unos días se violó dicho acuerdo.

Llegué temprano al lugar, las autoridades ancestrales y municipales estaban aprovechando para desayunar pollo frito con tortillas. Madrugaron y emprendieron un viaje de cinco horas desde Sololá para llegar a la ciudad.

La autoridades, lideradas por don Nicolas Sapalú Toj,  de entre 75 y 80 años,  manifestaron sin mayor preámbulo su rechazo a la presencia militar excusada en la labor de construir refugios para alpinistas en  la cumbre del Volcán Atitlán. Documentos en mano, las autoridades recordaron que el presidente Vinicio Cerezo, ordenó el retiro definitivo del destacamento militar cuatro días después  de la masacre del 2 de diciembre de 1990. Desde esa fecha, los militares no son bienvenidos.

En la mesa de autoridades destacaba una única mujer que llamó mi atención. El esposo de María Victoria García fue asesinado por el Ejército en 1986, por eso ella viajó en esta ocasión hasta la capital para recordar al gobierno y a la sociedad que lo militar no es bien recibido en su territorio. María Victoria García tiene 60 años y es una sobreviviente de la guerra.

Los representantes de Santiago Atitlán traían un memorial de tres folios para ser entregado en la oficina del presidente. Le piden asegurar que los soldados no ingresen a su territorio, tratándose de un tema donde se tocan fibras sensibles. Es posible que una respuesta de parte del ejecutivo demore mucho tiempo, dado el vínculo del presidente con los militares.

Doña María Victoria, al igual que todas las autoridades de Santiago, portaba el traje tradicional, con la diferencia de que ella misma fabricó su indumentaria. Los tejidos son su principal ingreso económico; se dedica a esto desde mediados de los 90, cuando se hizo cargo ella sola de sus dos hijos, ante la ausencia del padre asesinado.

Doña María Victoria García/Foto: David Toro

Han pasado 28 años desde aquella noche del 2 de diciembre en que el Ejército abrió fuego con una ametralladora en contra del pueblo de Santiago, que protestaba por los constantes abusos militares. 13 personas, entre ellas dos niños, fallecieron.

María Victoria García recuerda que en 1989 los militares asentaron un campamento en el corazón del parque de Santiago. Las siembras de café, frijol y durazno fueron arrasadas por los soldados, quienes aparte de desaparecer y asesinar personas, también perjudicaban su alimentación y desarrollo destruyendo sus cultivos o comiéndoselos.

El pueblo de Santiago Atitlán ha sido llamado “Municipio sin Ejército”. Con orgullo reconocen que ellos se han encargado de organizar la seguridad de su territorio, el cual es altamente turístico y además  se caracteriza por un ambiente de paz, según cuentan sus habitantes.

Doña María Victoria, orgullosa de su progreso, me comenta que los tejidos que fabrican se venden en una tienda en Santiago, frecuentada por compradores locales y extranjeros. A pesar de haber sufrido en carne propia la violencia de la guerra, ella ha podido salir adelante. Por ejemplo, ha sido invitada a participar en encuentros nacionales de tejedoras donde se establecen alianzas entre las personas que resguardan este arte.

Durante la conferencia de prensa, Diego Petzey, de 22 años, miembro del comité de jóvenes de Santiago Atitlán, comentó que la presencia de militares siempre será motivo de alerta y de preocupación para los campesinos de aquellas tierras. Para él es un compromiso con la memoria histórica contribuir para que la violencia militar vuelva a pasar.

Autoría y edición

Periodista y fotógrafo en Prensa Comunitaria

COMPARTE