Créditos: funda río
Foto laprensa.com.ni

Por Alejandro Mairena

16 de diciembre de 2018

Desde hace 25 años vivo en una de las comunidades del Sureste de Nicaragua, las cuales  están alejadas, sin vías de transporte, en ese entonces sin muchas escuelas, los institutos de secundaria estaban a tres horas y media de distancia en caminos de tierra. Y había que pagar para estudiar en ellos.

En estas comunidades solamente se producía lo tradicional, con prácticas culturales dañinas y no sostenibles, el bosque iba perdiéndose a un ritmo acelerado.

La casa dónde vivía hace 14 años estaba a unos 50 metros de distancia de un imponente bosque  que en ese entonces tenía unas 500 manzanas.Con una frondosidad y frescura que podía notar sus cambios, yo crecí  junto e inmerso a él. Mis recuerdos de infancia se profundizan a lo interno entre mangles, almendros, nísperos y árboles de cortes.

Tenía 14 años y estaba en la viva efervescencia de la juventud y cuándo se dispersan tantas energías como todo chico de esa edad, con muchas ganas de crecer (no de tamaño), aprender, conocer, en una realidad poco alentadora para sentirse realizado, intentado descubrirlo que me apasionaba.

Una de las organizaciones que en ese momento promovían los Sistemas Agroforestales con cacao se acercó a mi familia en la finca y a otras doscientas en unas doce comunidades aledañas,“Hasta mucho después comprendí que era eso” esa Institución se llamaba IPADE, nos enseñaron que habían otras formas de producir, nos enseñaron las características de lugar donde vivíamos es una zona de frontera agrícola “esto lo entendí poco después”. Además que los granos básicos no eran lo único que se podía producir, el  clima y los suelos no eran aptos para producir solamente el maíz, arroz  y frijoles.

Entre productores aprendimos a conocernos, a crear formas solidarias de intercambio de conocimientos, de experiencias, porque las mujeres y los hombres tienen los mismos derechos, (solamente escuchaba a los hombres pelearse con la que llegaba a hablarles de este tema) a conocer otros lugares, y a hacer amistades con productores de las otras comunidades.

Tres años dilatamos en esos procesos hasta que los cacaotales iniciaron a producir y todo mundo cuestionaba nuestro sembrado. Entonces nos enseñaron a hacer negocios a crear formas solidarias, justas y equitativas de hacer negocios cooperativos.

 Paralelo a ese proceso muchos jóvenes fuimos a la Universidad becados por este organismo.

A los meses de iniciarla cooperativa COOPROCAFUC nos indujeron a dar pasos más grandes. La producción que no se vendía a nivel local ni nacional se debía exportar. Si ya era un mundo el hecho de implementar un rubro, y la dinámica que implicaba la vida orgánica de la cooperativa y la dispersión de los asociados “Ahora un universo sumado lo que implicaba la búsqueda de fondos para comprar la producción, el acopio, y el estricto procesamiento para lograr la calidad de exportación”

Fueron desafíos que con la práctica se lograron afianzar. Y por ser parte de todos esos procesos a los dos años de creada la Cooperativa, me eligieron continuamente para  liderarla por seis años. 

Nos acompañaron  en muchos procesos que mejoraron la vida de las personas y de las comunidades. De manera social, productiva, organizativa y económica.

Al primer año de liderar la cooperativa se acercaron otros organismos con los cuáles creamos alianzas,  uno de ellos fue la Organización Ambientalista FUNDACIÓN DEL RÍO, mi segunda formación.

Con esta organización y otras nos sentimos respaldados en diferentes luchas, a alzar la mirada al horizonte y ver que a la par de nuestros cacaotales habían grandes extensiones de monocultivos que afectaban el ambiente, los ecosistemas y que todo esto no era por designio de dios o porque la vida así es; sino por ese sistema capitalista y extractivista que convierte los bienes naturales en beneficios para pocos y arruina la  vida de las mayorías.

Nos enseñaron que la tierra debe ser defendida, que la Reserva Indio Maíz debe ser protegida y conservada, que la Reserva Biológica Indio Maíz es el pulmón de Centroamérica, que debemos defendernos ante la expansión de los modelos extractivos, establecer denuncias, alzar la voz sobre las problemáticas que nos afectan, hacer y divulgar en las radios  todas  nuestras preocupaciones y a compartir las buenas experiencias.

Alzar la voz cuando la falta de institucionalidad del Estado afecta nuestra sociedad, porque no sólo nosotros tenemos dificultades,  hay otras realidades en el mundo y nada es una verdad absoluta, se deben enfrentar las luchas, las voces deben ser escuchadas, todos tenemos algo que aprender pero además algo que compartir, y desde la práctica saber que el trabajo ambiental por la conservación de las áreas protegidas también es político.

14 años después de estar inmerso en esos vaivenes de ida y vuelta y ver siempre más allá de lo personal e individual y siempre impulsar lo colectivo, lo comunitario, las prácticas e ideas cooperativistas, que tiene un gran sentido de humanidad, junto con la participación, integración e inclusión de familias a diferentes procesos, a creer en la utopía y saber que un mundo mejor es posible.

Hoy después de 28 añosde haber sido fundadas las ONGs Fundación del Río e IPADE son canceladas arbitrariamente por el llamado del Estado nicaragüense que obedece a una familia que gobierna al país y que se perpetúa en el poder violando los derechos humanos, la libre expresión, la libertad de organización.

Con argumentos tergiversados de la verdad, a simple vista cumpliendo una orientación mandada desde El Carmen.

Tantos años de lucha…tirados por la borda.

¡Aquí seguiremos de pie!

#NosQuierenCallar

Fuente: tomado del facebook de Alejandro Mairena

Autoría y edición

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