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Fotografía: archivo familiar

Por David Barillas Chón, PhD

Mi padres, mi hermana, y yo inmigramos, del centro de la cultura Poqomam, a los Estados Unidos al principio de los 90.  La transición de inmigrantes a los Estados Unidos es difícil, mucho más si uno, como fuimos nosotros por 13 años, es indocumentada/o.  Se sabe mucho, al menos en los Estados Unidos entre las/os inmigrantes latinoamericanos/as, lo difícil que es esta transición; los obstáculos lingüísticos, culturales, y de ciudadanía que una/o confronta diariamente. Cuando inmigrantes de Guatemala y de otros países latinoamericanos vienen a los Estados, también se confrontan con la realidad de un país que no las/os quiere, pero las/os necesita.

Este sentimiento de ser querida/o y no ser querida/o es paradójico.  El no ser querida/o toma forma en el racismo que uno perdura, aun, cuando uno/a ha nacido en este país.  Este sentido de no ser querida/o ha tomado su forma más reciente en los actos públicos de racismo que la actual presidencia engendró—pero que son intima parte de la historia de este país.  Lo que no se sabe mucho, o mejor dicho, de lo que no se habla mucho entre las/os latinoamericanas/os, inmigrantes, ciudadanas/os, o nacidas/os en este país de herencia latinoamericana, es de la discriminación, basada en racismo, que toma lugar entre nuestra propia comunidad.  Este racismo es evidente cuando somos insultadas/os con el epíteto racial “indio.”  Personas indígenas, en particular, también se confrontan con la realidad que otras/os latinoamericanas/os no la/os quieren, pero las/os necesitan.

Fotografía: archivo familiar

De esto se trata este ensayo: de la discriminación que personas indígenas sufren a manos de latinoamericanas/os en los Estados Unidos.  Mientras yo, personalmente, no he sido llamado “indio”, sé de varias personas indígenas que han sido llamadas/o con este epíteto racial.  Además, he dedicado mucho tiempo, por medio de mis estudios doctorales, a este tema.  Para mí, la discusión del racismo entre latinoamericanas/os en los Estados Unidos es importante porque me identifico como indígena.

Vine a los Estados Unidos cuando tenía 9 años. Vivimos, brevemente, en la ciudad de los Ángeles, pero crecí en una ciudad al este.  Me acuerdo que en ese tiempo, yo era uno de los pocos centroamericanos en mi escuela de primaria y secundaria. Mientras mis compañera/os de clase me confundían como mexicano, nunca me identifique como lo propio.  Mi sentido de ser de Guatemala está anclado en mi familia y memorias de mi vida en Palín, Escuintla.  Es algo muy curioso que en los estados unidos personas de Latinoamérica, independientemente de los diferentes países de origen, son agrupada/os en la categoría “Latina/o” o “Hispana/o.”  Y así, pues, fui identificado como Latino.

Fotografía: archivo familiar

Sin embargo, aun siendo “Latino”, pasé por momentos en que mis compañera/os de clase, que también eran “Latina/os”, se burlaban de mí.  La fuente de esta burla era mi tez, nariz maya, estatura, pelo y labios gruesos.  En otras palabras, se burlaban de mis características mayas, indígenas.  Estos tipos de burlas, lastimosamente, son comunes hacia las personas indígenas en Latinoamérica, y de Latinoamérica en los Estados Unidos.  Por ejemplo, fue por medio de mis estudios doctorales a mediados de la década del 2000, donde me reconecté con mis raíces indígenas.  Durante este tiempo investigaba la discriminación que experimentaban migrantes de Oaxaca por parte de sus compatriotas mexicana/os.  Estos estudios me demostraron que otra/os mexicano/as se burlan de migrantes oaxaqueña/os por su estatura, color de piel, idioma indígena, y por no hablar bien el español.  En otras palabras, igual que yo, la/os oaxaqueña/os eran discriminada/os por otra/os latinoamericana/os por ser indígenas.

Mis investigaciones más recientes se enfocan en como personas latinoamericanas usan la palabra “indio” cuando se refieren a las personas indígenas.  Específicamente, la palabra “indio” se usa como forma de insulto y de deshumanizar a personas indígenas.  Este uso de “indio” tiene una larga historia en Latinoamérica.  No entraré en detalles aquí. Lo que quiero enfatizar es el tipo de discriminación a personas indígenas inmigrantes como nosotras/os.

Cuando inmigramos a los estados unidos, traemos con nosotras/os culturas, conocimientos y también tradiciones.  Estas tradiciones nos anclan en un país donde nos hacen sentir que no pertenecemos.  Que no nos quiere.  Estas tradiciones nos mantiene conectadas/os con nuestros países de origen.  Al mismo tiempo, también traemos tradiciones que nos dañan.  Una de estas tradiciones, que se origina en el colonialismo, es la manera en como tratamos a nuestra/os compañera/os indígenas.  El llamar a nuestra/os compañera/os latinoamericana/os “indio” es nuestro legado que hemos heredado.  Pero no tiene que ser un legado que tiene que perdurar.  Estas palabras dañan, nos oprimen.  El resultado, como lo describí en mis investigaciones, es la deshumanización de personas indígenas.  Es la continuación del colonialismo que pretende crear a las personas indígenas como inferiores.  Por eso, el uso de “indio” como epíteto racial, se usa para separarnos de nuestras raíces indígenas, con el propósito de borrarnos políticamente, culturalmente, y socialmente.

Desde mis inicios académicos, he reflexionado acerca de mis raíces como indígena y de mi pueblo conocido como el centro cultural Poqomam.  He crecido la mayoría de mi vida en los Estados Unidos.  Mi conexión con Palín ha sido interrumpida por mis años como persona indocumentada en los estados unidos.  También es cierto que no he convivido con otras personas indígenas de mi pueblo, aquí en los estados unidos y en Guatemala.  Aun mi familia rechaza sus origines indígenas.  A pesar de todo esto me he involucrado en un proceso de autorreflexión y conexión con mi “yo indígena.” Tengo la suerte de que mi vida en los Estados Unidos me ha enseñado a  enfrentar una discriminación racial explícita de parte de otras/os latinoamericanas/os.  En este sentido estoy privilegiado.  Lo mismo no se puede decir de otras/os personas indígenas.

El ser indígena no tiene que ser fuente de vergüenza.  Tampoco tiene que ser una fuente para avergonzar.  Cuando inmigramos a los Estados Unidos traemos con nosotras/os los mismos pensamientos racistas que son aumentados un país que es el resultado del racismo y el colonialismo. Tenemos que trabajar en nuestros países de origen, así como también en los Estados Unidos, para eliminar de nuestros vocabularios y pensamientos la palabra “indio” así como otras que se usan para humillar y deshumanizar a las personas indígenas.

 

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