Créditos: Linda Forsell

Por Pablo Sigüenza

Este país es un artificio de lo más horrible,

feo, lúgubre, pestilente

el rincón más podrido de la conciencia humana

escupitajo al cielo y a la tierra

soberbia y desdén en nombre de la biblia.

Acá se respira estupidez y odio

en cada esquina orinada de los altares religiosos

se prohíbe el amor

se destierra la libertad

se condena la vida en nombre de ella misma

absurdo de absurdos

con secuelas de sangre

Se convoca a una marcha provida

que destilará hipocresía y rencor

egoísmo y candidez acarreados en camionetas

signadas por una cruz que llora sangre

convocados a caminar futuros inquilinos

de los círculos del infierno,

pederastas, violadores, criminales

vestidos de blanco

y tristes pelotones de borregos adoctrinados

y ovejas sumisas

subyugadas por el peso de la bota patriarcal

y a las culpas asignadas desde púlpito soberbios

¡Cuánto pecado desfilando con la cara en alto!

Cantarán alabanzas destinadas al cielo y a fortalecer

el poder de los de siempre

Este país apesta a muerte levantada en andas

a jerarcas carroñeros

mojigatería, doble moral, fe en egoísta salvación

propiedad del idiota sobre los cuerpos de la gente

y los hilos del poder ríen a carcajadas

con estertores de quintetos años y ojos azules

Desfilará alguno de mis tíos, alguna prima

un par de antiguas novias

la vecina que nos vende el pan

los estudiantes de la facultad

mis amigos de estudio

la cabeza me da vueltas

¿Quién es el culpable de tanta irracionalidad

de tanto desamor?

El corazón se me parte, este país es horrible

y yo sólo quiero llorar y llorar y llorar…

Autoría y edición

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