Breve relato sobre un atentado contra el trabajo periodístico en territorio indígena en disputa por la empresa hidroeléctrica Oxec S.A.

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Créditos: rolanda nota
Tiempo de lectura: 4 minutos

Por: Rolanda García

Atendiendo una denuncia comunitaria sobre la tala ilícita de árboles en las riveras del Río Cahabón y la amenaza de desbordamiento del río provocadas por la ejecución de los proyectos hidroeléctricos Oxec; el día lunes 20 de este mes planifiqué viajar al municipio de Cahabón. Nuestra dinámica de trabajo es solicitar siempre el acompañamiento de las afectadas y los afectados.

El 21 de agosto a tempranas horas, con el acompañamiento de las autoridades del Órgano de Coordinación del Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode) de la comunidad Seacté del referido municipio, durante un recorrido de más de una hora en las faldas de dos cerros contiguo al río Cahabón llegamos en uno de los sitios recién talados. Al otro extremo de la tala, había trabajadores derribando el bosque. Justo estaba filmando el daño para una nota periodística para el canal internacional Telesur, donde colaboramos con mi colega Santiago Botón, cuando desde lejos escuchamos los gritos burlones de los que estaban trabajando en el lugar. En poco tiempo, se acercaron hacia nosotros dos de los trabajadores, seguidamente aparecieron los demás trabajadores y con gran ira nos intimidaron. Cuestionaban la presencia de las cámaras en el lugar, al mismo tiempo exigían mi retiro inmediato y el de las autoridades comunitarias que me acompañaban. El acoso hacia mi persona no faltó ya que uno de ellos me gritaba “si me gustaba el pajarito”, que si no accedía a sus demandas ellos podrían violarme y tirarme en el río Cahabón.

Mientras intensificaban las provocaciones, decidimos retirarnos del lugar porque estaban dispuestos a cualquier agresión física. Debido a la distancia, la cámara de video y el trípode fueron cargadas por Francisco Tec, uno de mis acompañantes, y la cámara de fotografía la resguardé yo misma. A casi 40 minutos de recorrido, una de las mujeres de la comunidad que iba en la comisión alertó que dichos trabajadores nos venían siguiendo, desde entonces aceleramos nuestros pasos hasta llegar en donde se desemboca el río Chimau con el río Cahabón. Las autoridades comunitarias que aún me acompañaban cruzaron inmediatamente el río.

Una de las dos mujeres que nos acompañaban, sin pensarlo dos veces, recogió la cámara fotográfica que la tenía sobre una piedra, mientras me estaba lavando el lodo en el río. Personalmente, decidí detener la caminata porque a pocos metros me alcanzó uno de los agresores, ¡Hasta allí, quédate!, me gritó, seguidamente me acerqué hacia él, en pocos minutos me rodearon seis hombres y con machete en manos me exigieron la entrega de los equipos de video y de fotografía; entre la maleza estaban siendo resguardados por otros trabajadores. Luego de tantos reclamos, insistían que debía borrar todas las evidencias de la tala de árboles y las fotografías de ellos. No podía acceder a sus peticiones porque no tenía en ese instante ninguno de los equipos, tampoco tenía mi teléfono móvil.

Me preocupé por el resto de compañeros y compañeras, pero afortunadamente cada quien tomó su propio rumbo. Sin embargo; Francisco Tec aún estaba al otro lado del río, a quien luego de empujones e insultos le arrebataron el trípode, pero no lograron quitarle la mochila donde estaba la cámara de video, desde entonces según la versión de Francisco Tec, se adentró en la maleza para resguardar la cámara de video. Mientras yo seguía retenida por el grupo y de reojo me di cuenta que ya tenían el trípode a su poder. A través de insultos y amenazas intensificaban el reclamo de los equipos y la pronta eliminación de los archivos, durante aproximadamente media hora procuraron confrontarme, yo medio calmada trataba de explicarles de mi trabajo. Mientras que alguien del grupo atendía las constantes llamadas que recibía.

Tras pedirles que se calmaran y dialogar con mucha tolerancia, los hombres se fueron controlando. Reconozco que entre verdades y desaciertos provocados por mi nerviosismo, llegué a acuerdos con ellos y acepté parte de sus peticiones respondiéndoles a los siguientes cuestionamientos: ¿Te comprometes a no divulgar lo que llevas registrado en las cámaras y no subir nuestras fotografías? Seguidamente me hicieron ver que me habían tomado fotos y videos y que ya me tienen fichada. Luego me preguntan ¿prometes nunca más volver a pisar esta propiedad?, de lo contrario te va ir de lo peor; es posible que te puedan violar si regresas, exclamó uno de ellos. Aclaran que ellos tienen un patrón a quien no le gusta que alguien entre en su propiedad sin su permiso. Ante estos cuestionamientos, les contesté que respetaba sus peticiones, seguidamente exigí la entrega del trípode logrando recuperarlo.

Luego de la escapatoria, seguí caminando hasta que me encontré con una niña, enviada por las autoridades comunitarias que me acompañaban para vigilarme. Posteriormente, llegué con tres de los compañeros y compañeras autoridades, que se estaban resguardando en una humilde vivienda, a mediados del cerro. Decidimos continuar la marcha hasta encontrarnos con otros habitantes que llegaron a escoltarnos. Mientras nos dirigíamos rumbo al casco urbano de Cahabón nos encontramos con la patrulla de la Policía Nacional Civil (PNC), quienes finalmente nos trasladaron a la subestación para hacer la denuncia correspondiente, a cuatros horas después de lo sucedido. Mientras a través de una exhibición personal presentada por la Procuraduría de los Derechos Humanos, que hasta estos momentos no tengo claridad de quien la interpuso, pero que gracias a esa acción, fui trasladada cerca de la media noche por la patrulla policial hacia la ciudad de Cobán.

Agradezco todo el apoyo solidario de las organizaciones de derechos humanos, de personas particulares y la divulgación inmediata de la información de parte de mi colega Santiago Botón. Asimismo, las gestiones que hizo Patricia Villegas, Presidenta de TeleSur, ante el Procurador de los Derechos Humanos. Gracias a las autoridades comunitarias de Cahabón que en la tarde de ayer viajaron desde sus comunidades para resguardar nuestra integridad. Gracias por correr la voz sobre esta situación que atenta nuestros derechos a la libre expresión.

Autoría y edición

Descendencia kaqchikel y afrodescendiente. Infancia en la cuna de una organización revolucionaria. Crecida dentro de la revolución cubana.

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