Créditos: Nelton Rivera. Prensa Comunitaria Km. 169 año 2018
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Nelton Rivera. Prensa Comunitaria Km. 169 año 2018

Texto: Edgar Celada Q.

Fotografía: Nelton Rivera.

Avanzamos; desde la parte más empinada de la décima calle, vemos las banderas bajando hacia la novena avenida, cuando la cabeza de la manifestación llegó ya a la puerta principal del Congreso de la República; entonces me asalta la voz de Víctor Jara: “Aquí hermano, aquí sobre la tierra, / el alma se nos llena de banderas / que avanzan, / contra el miedo, / avanzan, / venceremos”.

Cientos de banderas, de todos tamaños, ondean iluminadas por decenas de antorchas, en manos –banderas y antorchas– de miles de manifestantes: sobre todo jóvenes; ríos de jóvenes: indignados, pero sanos, sin la ponzoña del pasado y con el sueño de un futuro distinto en la pupila.

También venimos los sobrevivientes: en 2018 varios de quienes marchamos esta noche cumplimos 50 años –algunos más– de andar en éstas, con ese tozudo alzar de la voz en las calles contra la infamia y por la vida. Como la consigna de cuando enterramos a Robin García, cuando enterramos a Oliverio: “¡No era tras la muerte a lo que fuimos! Era tras la vida”.

Pero los sobrevivientes somos los menos: hay juventud; mucha juventud: hay esperanza.

Al llegar frente al Palacio Nacional, otra vez esa sensación del alma llena de banderas: se alzan con enjundia cuando la única oradora –joven: es su hora– dice desde el alta voz: “reiterar la exigencia de la renuncia inmediata de Jimmy Morales del cargo de presidente de la República…” Y, tras la encendida arenga, entonamos el himno nacional: las y los jóvenes, las y los niños tomados de la mano de sus padres, tan jóvenes como los otros.

Sí, también cantamos el himno nosotros, los sobrevivientes.

Luego se da la voz de proseguir: “vamos a casa presidencial a pedir la renuncia del payaso sangriento”, escribo a quienes en la distancia esperan noticias. Llega así el turno estelar de la Batucada del Pueblo, cuyos redoblantes y atabales no han dejado trasmitir energía, desde que salimos del Paraninfo Universitario.

“Jimmy Morales / a los tribunales; Jimmy Morales / a los tribunales…” y   “el pueblo presente / no tiene presidente; el pueblo presente / no tiene presidente…” grita a voz en cuello, ya casi afónica, una joven señora desde su probable 1.45 de estatura; mientras el corazón palpita, retumba, al ritmo de “la Batu”, como a sus integrantes les gusta llamarse.

Entre ellos, un muchacho, de no más de 17 años, que empezó en esto en 2015: no termina aún el bachillerato, pero ya tiene decidido estudiar Medicina en la Universidad de San Carlos. A su lado, otra jovencita, que no para con el redoblante y frente a ella, blandiendo la baqueta del bombo incansable, una muchacha robusta, alma del grupo.

Hay juventud: hay esperanza.

Guatemala, 9 de junio de 2018.

Autoría y edición

Descendencia kaqchikel y afrodescendiente. Infancia en la cuna de una organización revolucionaria. Crecida dentro de la revolución cubana.

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