Hasta en la defensa de derechos humanos pasa, testimonio de un abuso

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Tiempo de lectura: 4 minutos
Fotografía: diarioeldia.cl

Por: Ximena Ramos

La abogada mexicana y defensora de derechos humanos Ximena Ramos Pedrueza Ceballos, denunció en sus redes sociales este 12 de abril que fue víctima de abuso sexual. Ella trabaja en el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, en relación con las acciones de las comunidades indígenas, que luchan contra los proyectos que dañan su medio ambiente.

Ella identificó a Erick Armando Cu Caal, de Guatemala, como la persona que ingresó por la noche a su habitación e intentó abusar sexualmente de ella, después de una jornada de trabajo en la ciudad de Lima, Perú sobre acceso de información ambiental, con la relatoría especial de libertad de expresión, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En esta reunión participaron varias organizaciones de América Latina y el Caribe, en donde Cu Caal también participó.

A continuación, el testimonio y la palabra de Ximena Ramos sobre lo ocurrido.

Estás en un país por primera vez. Acabas de presentar sobre uno de los temas que te apasionan en un foro internacional. Cenas delicioso con personas interesantes. Te emociona que tendrás un rato para conocer la ciudad. Te sientes cansada pero segura.

Así me fui a dormir la noche del miércoles 11 de abril en un hotel de Miraflores, en la ciudad de Lima. Había asistido a un evento sobre transparencia en industrias extractivas, representando a la organización en la que trabajo. Conocí a otras personas defensoras de otros países, desde Argentina, pasando por Colombia y terminando en Guatemala. Como otras veces he actuado en este tipo de eventos, busqué temas en común con esas personas y empecé a conversar sobre temas estrictamente laborales. Soy un poco insegura, entonces ya se que para romper el hielo, siempre funciona mencionar a quienes conoces y donde has conocido a esas personas.

La primera persona que se me viene a la mente cuando pienso en Guatemala es en mi gran guerrera Andrea. Para mi es un orgullo tenerla de amiga, así que al saber que Erick era del país vecino, le dije que la conocía. Así empezó nuestra conversación, que terminó pensando en que podríamos organizar algún tipo de encuentro o intercambio de comunidades indígenas mayas de México y Guatemala ante la consulta previa, libre e informada. Lo lógico era intercambiar datos de contacto, así que le di mi número telefónico.

El día siguió, más transparencia, almuerzo, caminata por el Bosque del Olivar, y visita a Huaca Pucllana. Después, el foro al que venía a participar. Terminamos casi a las 10 pm, cuando un grupo de personas salimos a cenar. Regresé al hotel, preparé mi maleta para dejar todo listo y poder irme a turistear al centro con mi nueva amiga colombiana.

Pero mi plan y tranquilidad se arruinaron por culpa de un hombre que claramente confundió mi amabilidad laboral con un permiso para abusar sexualmente de mi. Dormía, cuando alrededor de las 4 am, me tocaba y frotaba sobre la pijama. Confundida, pensando que estaba soñando, pregunté quien era. “Tengamos sexo”, respondió. Le reconocí la voz y el acento. Le grité que se fuera. Salió corriendo de la habitación. Lo primero que busqué fue mi celular. No estaba donde lo dejé cargando. Obviamente se lo había llevado, no sé si con el fin de evitar que denunciara los hechos, o para culpar a un ladrón y relacionaran los hechos con un simple robo de un extraño.

Salí corriendo, descalza, con mi computadora y bolsa en la mano, temblando de miedo; incrédula de que esto me pudiera estar pasando a mi. Al salir, noté la luz de la habitación contigua prendida y empecé a gritar que me devolviera mi celular, pero esa no era su habitación. Bajé al lobby, donde estaban dos empleados del hotel, y relaté los hechos. Alguien había entrado a mi habitación, me había tocado y se había llevado mi celular.

“Hace una media hora llegó un hombre, en estado de ebriedad, preguntando por la habitación de una señorita. No se le dio información alguna”, dijo uno de los empleados del hotel. Me preguntaron si conocía al agresor, les dije que si, del susto me acordé de su nombre e inmediatamente localizaron su habitación, que estaba en el mismo piso que la mía. Les pedí que si podían subir a recuperar mi celular, que tenía que contarle a mi trabajo, a las organizadoras del evento, y a mi novio sobre lo que pasó. Subió uno de ellos y regresó con mi telefóno ¡que estaba apagado! Al prenderlo, me di cuenta que me había enviado un mensaje diciendo “hola” a las 3:49 am, es decir, unos minutos antes de la agresión. Eso me hace pensar que sabía lo que hacía y sabía lo que quería hacerme: violarme.

Después de varios intentos de llamadas, se logró contactar a la policía, quienes llegaron rápidamente, pero actuaron torpemente. Me querían llevar a la comisaría en la misma patrulla que mi agresor. Ya en la comisaría, me preguntaron que había pasado más de 10 veces, no me mostraron el parte levantado, me hicieron estudios médicos innecesarios, y fui revictimizada por mujeres y hombres por igual. ¡CÓMO PUDE HABERME DORMIDO SIN HABER PUESTO EL SEGURO DE LA PUERTA! Muy fácil: no esperaba que un hombre no pudiera controlarse y fuera a buscar mi habitación para abusar de mi.

Tal vez si soy ingenua y confiada, pero no es la primera vez que asisto a este tipo de eventos. Suelo tomar medidas preventivas de seguridad, pero no pensaba que esto me pudiera pasar a mi, en un evento con personas con las que supuestamente comparto principios e ideales. El patriarcado sigue, hasta en los círculos más “progresistas”.

Había leído historias de terror sobre el proceso de denuncia, pero recordar a todas las mujeres de mi vida, que con su ejemplo me han enseñado a ser fuerte, a levantar la voz, a buscar un cambio, me dieron fuerzas para seguir con la denuncia. A todas ustedes, gracias infinitas. A pesar de sentirme muy enojada, me siento motivada a seguir luchando por un mundo en el que no tengamos miedo de vivir.

Fuente: drive.google.com/file/d/12bsC0gQsw0CKk6RUyidj1DvnnWZB2Ybe/view

Título original: Hasta en la defensa de derechos humanos pasa

Vea también:

https://www.ishr.ch/news/human-rights-defender-profile-ximena-ramos-pedrueza-ceballos-mexico

Autoría y edición

Descendencia kaqchikel y afrodescendiente. Infancia en la cuna de una organización revolucionaria. Crecida dentro de la revolución cubana.

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