Créditos: don francisco

Texto y fotografía: Simón Antonio

Desde el inicio del juicio por genocidio y delitos contra los deberes de la humanidad en contra del exjefe de gobierno Efraín Ríos Montt –a puerta cerrada- y de Mauricio Sánchez Rodríguez –pública-, en el Tribunal de Mayor Riesgo B,  integrado por la por la jueza María Eugenia Castellanos Cruz como presidenta y los vocales Sara Gricelda Yoc y Jaime Demar González Marín, se ha escuchado a más de treinta testigos.

El 12 de enero en la fase de declaración de las partes querellantes, se presentaron tres pruebas testimoniales sobre tres hechos sucedidos en la región durante el gobierno de facto de Efraín Ríos Montt del 23 de marzo de 1982 al 8 de agosto de 1983.

La muerte de un no nato y de su madre

El primer testimonio fue de Nicolás Toma Mejía,  quien relató al Tribunal como murieron su esposa Isabel de la Cruz que tenía ocho meses de embarazo, sus familiares Marta Toma Mejía y Miguel Toma Toma, fueron alcanzados por elementos del ejército cuando corrían a resguardar sus vidas, siendo alcanzados en junio de 1983 en la comunidad Villa Hortensia II de San Juan Cotzal.

Ante el temor Nicolás Toma junto a otras personas  se instalaron en una  montaña donde estuvieron por  más de un año, en su estancia fue testigo de cómo murieron por lo menos 24 personas de hambre. Después de un año y medio bajó de la montaña por la falta de comida en el lugar.

Al llegar a la cabecera municipal de San Juan Cotzal, fue tratado mal por elementos del ejército, se le atribuyó ser miembro de la guerrilla y fue obligado a patrullar junto a otras personas, así  como a trabajar haciendo cunetas desde las 6:30 de la mañana y a partir de las 4 de la tarde patrullaba cada siete o doce días.

Don Francisco escapó de la muerte en la iglesia

El segundo testigo fue Francisco Pablo de origen q´anjob´al, quien relató los hechos sucedidos en la finca Covadonga San Joaquín de San Gaspar Chajul el 7 de abril de 1982. Inició su declaración indicando que estaba dispuesto a decir toda la verdad al Tribunal para que pueda haber justicia.

“Ese día que llegó el ejército nos juntaron a todos los que vivimos en la comunidad y nos separaron, los hombres en la iglesia católica y las mujeres en el juzgado. Cuando ya estaba separados los soldado emprendieron fuego y comenzaron a disparan.

A nosotros nos llevaron a la iglesia, pateamos  al ejército y pudimos escapar, muchos escapamos, pero las mujeres no pudieron escapar porque estaban en el juzgado, no se podía patear. Ese día murieron por lo menos  45 personas incluyendo bebés”.

Según Francisco Pablo ese mismo día murió quemado su hijo de 7 años.  “Después que quemaron Covadonga nos fuimos a la montaña, al día siguiente regresamos a enterrar a mi hijo”.

Posteriormente se fueron a la montaña junto a otras personas para resguardarse de la muerte. Después de año y medio ante la falta de alimentación y medicina, Francisco Pablo bajó de la montaña siguiendo las instrucciones de una avioneta que había difundido por varios días la noticia de que se rindieran y dejaran de sufrir.

Llegó a la comunidad La Perla,  donde había un servicio civil y un destacamento militar,  uno de los jefes militares le apuntó un arma al momento en que se presentó.  Posteriormente buscó trabajo y se quedó a vivir ahí durante un tiempo.

La ejecución de la política de tierra arrasada

Juana Tiu So llegó a vivir con su padre Manuel Tiu Espinosa a la finca Santa Clara, en el municipio de San Gaspar Chajul, al alcanzar la mayoría de edad con Santos Natalicio Ixcoy procrearon a su hija María Ixcoy Tiu.

Entre 1982 y 1983, un día desde el cielo los soldados comenzaron a tirar bombas contra la comunidad,  que en ese entonces tenía aproximadamente 200 casas. “Los aviones venían y comenzaban a tirar bombas, por eso por el susto veíamos como nos escondíamos bajo las piedras en las montañas”.

A los sobrevivientes no les quedó otro camino que irse de la finca. “Lo que hicimos nosotros fue ir a la montaña porque ya no teníamos casa ni teníamos a donde ir” afirma Juana Tiu ante el Tribunal.

En el camino a la montaña su padre le habló: “Ustedes sigan huyendo porque ya no puedo más. De plano si me encuentra el ejército me va a matar, pero ustedes sigan huyendo”, cuando volvimos con él, ya estaba muerto, recuerda.

Por la persecución Juana Tiu no pudo enterrar a su padre en un cementerio sino lo hicieron en la montaña. Su declaración terminó diciendo que estuvieron en la montaña hasta la firma de los Acuerdos de Paz en 1996.

 

 

Autoría y edición

Descendencia kaqchikel y afrodescendiente. Infancia en la cuna de una organización revolucionaria. Crecida dentro de la revolución cubana.

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