Créditos: jugando limpio
Fotografía: redartecomunitario.blogspot.com

Por: Patricia Cortez Bendfeldt.

No he podido escribir acerca de lo que ocurrió en el hogar seguro, ni sobre el niño que sacó un arma en el colegio, tampoco hoy que aparentemente hay un nuevo “motín” me parece poder escribir acerca de eso porque, bueno, no conozco a ningún padre que piense que “lo hace excelente” en el tema de educar y criar a sus hijos.

¿Qué puedo enseñar sobre crianza si aún tengo dudas? ¿Puedo decirle a la gente “fue esto o aquello”, cuando no tengo claro si lo estoy haciendo bien?

A veces nos dicen que “debemos ser duros” como si no fueran los siglos de dureza y “rigurosidad” los que hubieran matado el alma e insensibilizado a cientos de guatemaltecos que no se inmutan por el muerto sobre el que saltan en la mañana para llegar al trabajo.

Que debimos pegarles más y demostrarles quien manda, como si no viéramos a los cientos de personas que deliberadamente rompen las reglas cualquiera que esta sea, no por castigos aprendieron a limpiar o a colocar la basura en su lugar, no con castigos aprendieron a nada más que seguir castigando a otros, al que les quede abajo.

Que el amor se demuestra con el castigo físico, dicen, como si no hubiéramos visto tantos niños y niñas al borde de la muerte propinada por un padre o una madre que no pudo o no supo cómo controlar su fuerza y su frustración, o tal vez recordaba haber sido agredido de formas similares y crueles.

Que son culpables las madres, dicen aquellos que le pagan a las madres menos del salario mínimo y que tienen “muchachas” viviendo en su casa, mientras ellas han dejado hijos al cuidado de la vecina, encerrados bajo llave o al cuidado de madres más cansadas que ellas.

Que lo merecen por desobedientes, como si ellos jamás hubieran quebrado una regla o jamás merecido un castigo.

Que deberían dejar que los adopten, dicen cuando sabemos que era un negocio enorme y no siempre los niños tenían una vida mejor adoptados.

Cuando un problema es multidimensional, es difícil entenderlo desde nuestra comodidad. Ver las casas hacinadas de las colonias marginales, la falta de educación e información de las jóvenes que viven en el país, incluyendo a las universitarias, el machismo rampante, la falta de empleos y seguridad, la creencia que la violencia es la solución, la miseria y el egoísmo…

Una intenta criar hijos sanos en medio de ese horror, y es difícil.

Una intenta vivir lejos de la podredumbre y siempre nos alcanza.

Una intenta y piensa en esas que tal vez, no lo lograron.

Autoría y edición

Descendencia kaqchikel y afrodescendiente. Infancia en la cuna de una organización revolucionaria. Crecida dentro de la revolución cubana.

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