Un viaje al corazón de la lucha por la vida y el territorio

Fotografía: Nelton Rivera

Por: Juan Calles

El título no es solamente retórico, la tierra palpita, la montaña palpita, los árboles y los ríos palpitan, la voz de los dirigentes palpita, la decisión de defender el territorio palpita fuerte, tronantes tambor y chirimia de otros tiempos vienen a sonar en este palpitar, en esta decisión de exigir un mejor futuro para los niños, para este país que solo ha sabido de dolor y llanto.

Luego de 3 horas de viaje el paisaje empieza a cambiar, la mirada no es suficiente para tanta belleza, los pulmones se llenan de olor a resina de pino, de niebla fría. Salimos a las seis de la mañana desde Huehuetenango que lucía dormido y lento.

La serpiente de asfalto nos llevó como espiral hasta las alturas de la vieja Villa de Chiantla, allí nos enteramos que la campana de la iglesia de Santa Eulalia se encuentra allí, pues en aquellos lejanos años no pudieron llevarla hasta allá; así que se quedó allí esperando eternamente para que algún día la lleven a su lugar original. Era muy pesada para cualquier bestia que intentara llevarla a lomo hasta las frías montañas en donde aún la esperan.

El paisaje en muchas formas recuerda los fríos desiertos del sur de américa, la vegetación sobrevive al viento helado, a la llovizna invisible que congela los dedos, que pone colorados los cachetes de las niñas, inmensas extensiones de belleza y vida silvestre. El trigo y la papa crecen sanos y potentes en esta región. De las casas de madera y block sale un humo blanco con olor de atol blanco y frijoles con chile. Los campesinos bien abrigados caminan apresurados hacia sus labores. Seguimos subiendo a toda velocidad, mientras avanzamos el frío se hace más y más intenso, muerde los dedos que pretenden fotografiar.

Fotografía: Juan Calles

La carretera en muy malas condiciones, eso no es nada nuevo, eso no sorprende, la inutilidad del ministerio de comunicaciones es evidente en cualquier parte del país. La corrupción y la indiferencia de las administraciones gubernamentales ya no sorprenden, sin embargo no dejo de sentir enojo y mientras calculo los millones que se robaron en los últimos diez años, solo puedo proferir maldiciones a los políticos y sus familias. Sus fincas y mansiones no durarán mucho tiempo más y pagará sus deudas a los niños, a las mujeres, a los ancianos de estas regiones que sobreviven para verlos pagar sus delitos.

Fotografía: Juan Calles

Dejo de distraerme y me concentro en el paisaje, en la intensa belleza de las montañas y los valles, y de pronto luego de una curva se puede divisar las gigantescas rocas de Kab’ Tzin, me quedo sin aliento, dejo de respirar mientras admiro las formaciones rocosas de sin igual belleza. Como casi todo en Huehuetenango, tiene una explicación mágica y bella.

En tiempos precolombinos Zaculeu era gobernada por Kaibil Balam, quien amaba a una hermosa mujer llamada Xinabajul, cuando se conocieron los rumores que extranjeros venían a invadir estas tierras, Akik Balam hermano de Kaibil  Balam convenció a Xinabajul de huir con él, al llegar a las alturas de la sierra madre una maldición les transformó en gigantescas piedras, así los amantes quedaron eternamente uno frente al otro. Leyendas aparte, el lugar posee magia, posee una fortaleza mística que emociona.

Aún debemos atravesar, San Juan Ixcoy, San Pedro Soloma, San Mateo Ixtatán y por fin estaremos en Santa Eulalia, en donde nos espera ese palpitar, ese tambor que resuena por todos los valles, por toda la sierra, por toda la montaña, por todos los ríos que corren al ritmo del palpitar, de la palabra y la organización.

Fotografía: Juan Calles

La mañana es fría y al entrar en Santa Eulalia se deja caer una neblina espesa a darnos la bienvenida, las señoras corren de un lado a otro con prisa por cumplir sus tareas, los señores ensombrerados, muy serios saludan escudriñando con la mirada a los extraños que se ve, mueren de frío, los niños curiosos y divertidos se burlan de nuestra tembladera, talleres de enderezado y pintura, molino de nixtamal, casas gigantescas de diseño canadiense, producto de las remesas, y el idioma q’anjob´al se deja escuchar musical y armonioso, a lo lejos una marimba suena ambientando nuestra llegada.

Nos espera una larga reunión, el gobierno ancestral nos recibirá y nos dará un espacio para contarles sobre el trabajo que realizamos, ellos dignos herederos de una sabiduría milenaria nos escuchan atentos, evalúan y sopesan nuestro empirismo con su sabiduría, nos dan algunos consejos, nos hacen algunas críticas y nos permiten quedarnos escuchando sus discusiones, sus planificaciones y sus esperanzas, el tambor sigue sonando desde un tiempo viejo, el corazón palpita, el mío esta vez. Sé, estoy seguro que estoy en el centro de la lucha más digna que existe, por el territorio, por la vida, por el futuro.

El corazón palpita, pum, la razón me dice que ellos tienen razón, pum, los ancianos aseguran que no darán un paso atrás, pum, yo estoy seguro que allí estaré, pum, ellos hablan de ríos, árboles, montañas, niños, pum, yo veo futuro, pum, el corazón late fuerte, pum, estoy en el centro del corazón de la lucha por el territorio y la vida, pum, pum, pum, pum, pum…

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