María chula

Por: Patricia Cortez Bendfeldt ​

Arte: Daniel Morales Zuleta

En la novela que escribí puse “no me gusta que me mijiteen” porque no hay manera que una se ponga un traje tradicional y no aparezca un torpe a decirle a una “mija” así sea una la anciana con cabellos blancos o la niña de 10 años.

Mi amiga Olga me decía “chula” pero creo que el guatemalteco tan aficionado a decirle “vos cerote” al amigo íntimo no logra entender que otro se enoje cuando le dicen a uno algo que se puede considerar un insulto.

Me costó entender al amigo de mi hijo que decía que yo era “la mera verga” o no reírme de la amiga de mi tía, una mujer muy “persignada” que trabajaba en la casa de un famoso productor de Hollywood que dejó caer la bandeja cuando uno de los invitados gritó “Mierda, jodete” en español en plena mesa y el dueño de la casa, preocupado le preguntó al invitado que clase de grosería había dicho y la respuesta “shit, fuck you” los dejó pensando, porque todo el tiempo en esa mesa alguien gritaba “shit, fuck you” y la mujer no reaccionaba aunque hablaba inglés perfecto.

No es decir chula, ni que “María es un hermoso nombre” es el concepto de “María chula” en el imaginario social, es la “india bonita” la “muchacha chula” y no el concepto de muchacha como mujer joven, sino la “chacha” la mujer que limpia, la mujer del servicio, la que tiene que aguantar que le digan “chula” porque olvidaron su nombre o no les interesa saberlo, la que decide que debe llamarse “María” porque así les enseñaron a los otros a tratarla.

De hecho, cuando vivía en Cahabón una mujer me contó que a muchas de sus ahijadas trataron de ponerle su nombre “Miriam” pero el registrador civil les dijo “¿qué es eso de usar un nombre tan elegante?” y les puso “María”, precisamente porque eran niñas de aldea “marías” simplemente.

Que la dueña de la empresa se disculpó, que también “se llama María” que no pensó que podía ofender a alguien, como tampoco el amigo de mi hijo pensó que podía ofenderme que me llamara “la mera verga”.

Y no señores, no le estamos diciendo a usted que no le diga “chula” a su amiga, ni le estamos diciendo a usted que “su nombre es un insulto”, es simplemente que, cuando algo se ha usado tanto tiempo para insultar, es difícil no sentirlo como ofensa cuando alguien que no conoces te lo grita.

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