La AEU con un puñado de promesas por crecer y amar

Por: Lucía Ixchíu

Fotografías: Francisco Simón

¿Cómo empezar a escribir una historia que nos ha tomado parte de la vida construir, cómo imaginar que por nunca dejar de soñar, hoy tenemos la cosecha de una siembra que nos ha costado la vida?

Hablar de la materialización de la recuperación de un espacio político estudiantil  y trascendental para la historia de este país como lo es la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) “Oliverio Castañeda de León”, es algo que me deja sin aliento.

Estudiantes, la AEU está en sus manos, debemos hacerla sostenible, luchar por ella y defenderla como si no hubiera un mañana.

Esta lucha, que en  mi experiencia personal empezó en el 2012 y me tomó tiempo y energía  vital de vida, tiempo de ocio, tiempo de familia, tiempo de pareja, tiempo de poder dedicarme a mí, como diría mi mamá.

Cuando el amor encarna una lucha que trasciende de tu individualidad y se convierte en realmente colectiva, pese al dolor del odio de los esbirros, pese a la violencia impuesta para quienes con nuestros cuerpos fuimos agredidas físicamente, por esa violencia contrainsurgente completamente militar, se convierte en una razón de vida.

La lucha por la recuperación de la AEU, que nunca dejó de ser nuestra, que nunca renunció a estar con los estudiantes, que se negó a  dejarse morir y dentro de los escombros, nos dio su amor, nos dio su cobijo y nos dio su esperanza.

Hoy contra todo pronóstico, se logró lo imposible, lo inimaginable, lo que se había dejado de hacer porque era ya un caso perdido. Siendo terca, necia y rebelde me resistí a pensar en la posibilidad de dejar de luchar por la recuperación de ese espacio.

Pese a lo cansada y totalmente difamada que me encuentro por sectores cobardes que con su accionar lo único que pudieron hacer contra nosotros fue difamarnos, porque su accionar político parte de la pobreza humana y  la falta de estrategia política, siento por cada una de las venas  de mi cuerpo la energía que me renueva, que me hace renacer, que me hace resistir a la idea de perder la esperanza.

Y sin duda no fui la única loca, hubimos muchos y muchas dementes, soñadoras que desde hace 17 años  le apostamos a la recuperación de este espacio profundamente valioso, como uno de nuestros motores de vida, algunos terminamos esta lucha más muertos que otros, pero sin duda con un corazón nuevo.

Esta etapa de movimiento y vida estudiantil muy dolorosa pero a la vez hermosa en mi vida acaba, y siento un trueno dentro de mí de alegría y nostalgia, me voy con la frente en alto, sin deberle nada a nadie y sé que la historia me absolverá, acabamos  por la puerta grande, terminó mi vida en el movimiento estudiantil haciendo realidad un sueño hermoso y colectivo.

Pero como dice la canción, al final de este viaje, partiremos de nuevo. Recuperamos nuestra  AEU.

No quiero dejar de escribir sin agradecer a mis dos grandes compañeros y consejeros de vida política:

Gracias Américo, a quien el tiempo arrebató de mi vida, y no nos dejó la posibilidad de que viera esta hermosa recuperación, a la que usted le aportó tanto.

Gracias querido Tono, porque la vida nos ha dado la oportunidad de que nos acompañe y que usted pueda ver la recuperación de la AEU, misma de la que usted fue parte en 1954 durante el golpe de estado y por estar en ella, partió al exilio.

 

 

 

 

 

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