Juicio por genocidio en Nebaj, los pasos previos a este momento

Texto y fotografías: Manuela Cencetti

En Nebaj entre el 18 y 21 de abril se vivió una semana histórica para el pueblo ixil por la llegada del Tribunal B de Mayor Riesgo. El motivo del traslado fue el seguimiento al juicio por genocidio contra el ex general Efraín Ríos Montt – declarado incapacitado por un peritaje del INACIF por sufrir demencia vascular irreversible – y contra el ex jefe de la inteligencia militar, José Mauricio Rodríguez Sánchez, que en el primer juicio del 2013 quedó absuelto. El ex general ya no puede presenciar las audiencias y el juicio se dio a puertas cerradas hasta la reciente suspensión del proceso.

El Tribunal B de Mayor Riesgo – presidido por la jueza María Eugenia Castellanos – decidió trasladarse a Nebaj para escuchar las declaraciones de los primeros testigos y testigas, ixiles y quichés, originarias de diferentes comunidades, aldeas y caseríos, sobrevivientes de los planes genocidas ejecutados entre 1982 y 1983 en la región ixil. En particular hombres y mujeres ya muy mayores o en algunos casos enfermos, que no hubieran podido viajar hasta la capital para testificar o para los cuales el traslado hubiera supuesto un esfuerzo demasiado desgastante.

El caso se concentraba en particular sobre el asesinato de 1771 personas, entre ellos hombres, mujeres, niños y niñas, masacrados en la aldea de Chel y en otras cuatro comunidades de los municipios de Nebaj, Chajul y Cotzal.

Por parte de la Fiscalía Especial de Derechos Humanos del Ministerio Público –MP-, estuvieron presentes las fiscales Paula Herrarte e Hilda Pineda. La Asociación por la Justicia y la Reconciliación (AJR) y el Centro por la Acción Legal de Derechos Humanos (CALDH) representan a los querellantes adhesivos desde hace muchos años.

La preparación de los días del juicio en Nebaj fue muy intensa y vio el involucramiento de muchas organizaciones locales de la región y otros grupos y colectivos que decidieron apoyar la coordinación de todas las actividades paralelas a las sesiones del juicio.

Para acompañar y transmitir fuerza y valor a los testigos y testigas y a sus familiares, que una vez más volvieron a declarar y a recordar hechos muy trágicos y extremadamente dolorosos, se eligió un tramo de la calle principal del pueblo, a pocos metros del MP, como espacio público colectivo donde realizar el evento y reunir a todas las familias y personas individuales que iban a manifestar su apoyo en los tres días del juicio.

La noche del lunes, antes del primer día de sesión, se realizó una gran ceremonia maya en el parque central de Nebaj con tres mujeres guías espirituales (Aj’q’iq) en el día 9 I’x  fueron recordadas las mujeres, niñas y ancianas asesinadas durante el conflicto. También en este caso muchos jóvenes, muchas mujeres de diferentes generaciones, familias con hijos muy pequeños, se acercaron y quisieron participar en un momento tan fuerte para la historia de estos territorios y la vida del pueblo ixil. Ana Láynez, guía espiritual ixil, explicó las razones de esta ceremonia tan importante y los diferentes momentos rituales. Se explicaron además las energías de los veinte días del calendario en relación a los hechos pasados, a la situación presente, a la necesidad de seguir luchando para exigir justicia.

La participación a todas las actividades – desde el lunes hasta el jueves – fue masiva. Todos los días el espacio público en la calle principal del pueblo, donde se cortó el paso a todo tipo de vehículos, se llenaba de familiares de los testigos, de sobrevivientes de las prácticas genocidas, de integrantes de organizaciones históricas del área, de personas individuales o familias que se acercaron compartiendo este momento extremadamente intenso a nivel personal, familiar y comunitario. Llegaron muchas personas de aldeas y caseríos muy retirados, que tardaron varias horas para llegar hasta la cabecera municipal de Nebaj.

Muy amplia y animada fue la presencia de mujeres ancianas con flores y cruces que se hicieron presentes con sus seres queridos,  que perdieron la vida en su mayoría entre 1982 y 1983. Llegaron personas de los tres municipios –Santa María Nebaj, San Gaspar Chajul y San Juan Cotzal – en donde se dieron la mayoría de las masacres de la región ixil, más de 90 según el Informe REHMI, y donde quedan aún por encontrarse muchas fosas clandestinas.

Las tres mañanas se abrieron con una invocación espiritual gracias a las guías espirituales ixiles que estuvieron siempre presentes.

Una presencia muy importante fue la de jóvenes de institutos o escuelas de todos los niveles, que se acercaron para escuchar las palabras de los y las sobrevivientes durante los tres días, así como las canciones de lucha y resistencia en las montañas, las palabras de muchas mujeres y lideresas que son parte de las diferentes organizaciones del área y que aportaron desde sus vivencias y experiencias personales.

Hubo todas las mañanas sesiones de Batucada Ixil para empezar las actividades y también dos actuaciones teatrales de ‘Piccoletta’, muchas dinámicas con las personas presentes, debates, y una exposición callejera de fotos sobre los procesos de exhumaciones en diferentes comunidades: acciones e imágenes que también atrajeron por su fuerza a muchas personas, jóvenes, niños. El trabajo de coordinación entre organizaciones locales y las iniciativas de personas individuales fue imprescindible para construir conjuntamente un espacio cálido y amable de vida común los tres días, de sentir común, entre emociones compartidas, lágrimas, risas, canciones, palabras, miradas y muchos abrazos.

Al otro lado del MP, de esta amplia, tierna y muy firme presencia, se agruparon personas de la zona movilizadas por AVEMILGUA (Asociación de Veteranos Militares de Guatemala) y por ex patrulleros[2] (PAC – Patrullas de Autodefensa Civil) que durante tres días se quedaron gritando, la mayoría del tiempo, insultos contra los querellantes del juicio, contra los jueces y MP, negando a cada rato el delito de genocidio.

La presencia de ex coroneles  y de ex comandantes de las PAC se hizo sentir a partir del domingo anterior a la reanudación del juicio. Hubo una actividad en el salón municipal organizada por ex militares y cientos de volantes fueron distribuidos en el pueblo (pagando a los niños que lustran zapatos en el parque central) donde se afirmaba nuevamente la negación del delito de genocidio y la inocencia de todos los militares.

No faltaron por supuesto las acusaciones e insultos hacia lxs observadoxs extranjerxs que estuvieron presentes toda la semana en el pueblo, responsables – según ellos – de fomentar nuevamente conflictos y polarizaciones en el País.

Muy evidente fue también la presencia de más de 200 los agentes de la PNC, antimotines y cuerpos especiales enviados de diferentes departamentos del país para la seguridad de los funcionarios públicos durante los días del juicio. Presencia que no pasó desapercibida por parte de la población local en un municipio y en un territorio ya fuertemente controlado y militarizado para proteger los intereses de muchas empresas nacionales y extranjeras que utilizan fuerzas de seguridad públicas y privadas para controlar a la población y seguir con prácticas sistemáticas de despojo y colonización interna finalizadas a la explotación de montañas, ríos, arboles.

Al interno de la sala de Juzgado de Primera Instancia los testigos, en su mayoría mujeres, entraron a declarar. Se recordó nuevamente lo vivido. Se volvió a nombrar el terror, a describir las acciones del ejército en el mismo lugar donde miles de personas perdieron la vida, sufrieron desapariciones forzadas, torturas, violencia sexual, desplazamiento forzoso, concentración de población en aldeas modelos.

Al final de los tres días de audiencias testificaron 13 de los 15 testigos previstos – dos no declararon porque estaban demasiado enfermos – algunos de ellos se sintieron muy mal al final de las declaraciones ya que vivieron momentos muy dolorosos. Volver a nombrar los mecanismos de la violencia en la misma tierra donde se ha nacido, donde quedan por encontrarse tantos seres queridos, tantas fosas clandestinas, dejó consecuencias importantes entre los presentes al juicio. Pero también contribuyó a que muchos de los sobrevivientes encontraran un espacio colectivo, transversal a las tantas organizaciones que desde hace años trabajan para la justicia y la memoria histórica en el país, para dignificar sus muertes, celebrar la vida, y recordar que si aún falta camino por andar, el pueblo Ixil está dispuesto a caminar para lograrlo.

Los tres días de juicio en estas tierras terminaron. Y el juicio va a seguir en la capital.Tres noches casi sin dormir. Tres días de sol, de calor, de ojos enormes, de rostros tensos, de encuentros, de reencuentros, de abrazos y de recuerdos. Tres días de lucha, tres días de duelo. Tres días, entre miles de días, nombrando la verdad, buscando nuestra justicia que quizás nunca va a caber en las aulas de tribunales. Tres días de dignidad, tres días de ritmos y música, tres días de valor, inquietud, lágrimas y alegrías. Tres días de memoria. Tres días de verdad para el mundo.

Sigue latiendo nuestro corazón i

xil. La verdad y las luchas siguen floreciendo en estas montañas desde hace mucho tiempo.

[1] Una de las estrategias contrainsurgentes de estado consistió también en deportar y concentrar a la población que vivía en las zonas montañosas en “aldeas modelos”. Si la población no colaboraba, se procedía con el bombardeo y la destrucción de cualquier cosa para. Durante esta fase de contrainsurgencia alrededor de 440 aldeas y caseríos fueron borrados del país.

[2] Las Patrullas de Autodefensa Civil eran compuestas por hombres y mujeres civiles voluntarios que prestaban servicio para informar al ejército de cualquier movimiento y comportamiento sospechoso en las comunidades, en las aldeas, en los territorios militarizados. Fueron organizadas sucesivamente como grupos paramilitares armados autorizados a rastrear, torturar, ejecutar, masacrar, violar, al igual que los militares regulares. Las PAC son responsables de un alto número de casos de violaciones de los derechos humanos y crímenes feroces en el período del conflicto armado.

 

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