Texto e imagen: Francisco Rodas

El nuevo ministro de Desarrollo Social, Alcides René Obregón Muñoz, además de quemarse las pestañas estudiando en las universidades Mariano Gálvez y Galileo, y otro instituto auspiciado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), tiene olfato para buscar sus chambas.

Trabajó 13 años en el Congreso de la República en el área Financiera Administrativa, fue director administrativo del Instituto de Fomento Municipal (INFOM) y asesor financiero en el Fondo Nacional de Desarrollo del  Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA).

Apenas en septiembre del año pasado lo nombraron como viceministro Administrativo Financiero del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y en cuatro meses ya dirige la institución. Eso sí es hacer una carrera aligerada como meter una sopa instantánea en el micro ondas.

Como se ve, el hombre tiene imán para pegarse donde hay pisto, pero su verdadera virtud es que no suelta la lengua.

Fotografía: Mujeres Ixchel

Por: Lucrecia Molina Theissen

5 de febrero de 2013. Guatemala era un infierno, Ríos Montt era el demonio y yo era un animal perseguido por despiadados cazadores. Ya había sucedido lo de Marco Antonio y, pese al dolor que aún hace que se me doblen las rodillas, me mantenía en pie sostenida por la terquedad y la rabia respirando el aire envenenado, saturado de muerte y de las mentiras proferidas por el pastor evangélico al que consideraba un loco altamente peligroso.

Ignorante de lo que sucedía en las zonas rurales debido a la censura, leía los partes amañados emitidos por la oficina de información del ejército en los que las víctimas civiles, mayoritariamente indígenas, eran perversamente transformadas en combatientes, miembros de una fantástica guerrilla, la más numerosa del planeta. En mi cabeza, que se aferraba desesperadamente a la idea de que no podía ir tan mal la cosa, construía la versión de que los muertos eran soldados caídos en combate. Años después supe la verdad leyendo los informes de derechos humanos que circulaban internacionalmente.

Sin embargo, pese a la censura, a mis oídos llegaban fragmentos de verdades terroríficas, inmanejables para cualquier ser humano, que me provocaban pesadillas en las que era yo la que tomaba a los niños y niñas por los pies, los hacía girar sobre mi cabeza y los estrellaba contra las paredes de madera de la casa que habitaba.

Corrían los años de 1982 y 1983. Guatemala se convirtió en un territorio de humo y llanto, de balas y de sangre, de bombas cayendo desde un cielo que no se apiadó de los hombres y mujeres, niños y niñas, que angustiados buscaban resguardar su única posesión: la vida. Ni siquiera se podía desnudar las lágrimas sin aparecer como cómplice de los terroristas, delincuentes subversivos, los culpables de todo, como predicaba el pastor en sus mensajes dominicales en los que repartía culpas y responsabilidades entre las propias víctimas y entre los padres y madres -que no controlaban a sus hijos/as- por los asesinatos y desapariciones forzadas.

La campaña de mentiras y manipulaciones tenía otro componente del cual recuerdo las melodías pegajosas de los anuncios manipuladores pautados en la radio y la televisión, como aquel cuyo estribillo decía “un soldado es un hijo, un amigo y un hermano” que se repetía mecánicamente en mi cabeza con un martilleo desesperante, junto con las imágenes del soldado buen mozo, uniformado, que visita su aldea y es recibido por la madre y la hermanita que salta de felicidad. O aquella otra canción de las Patrullas de Autodefensa Civil. En octubre de 1981, en el camino a Occidente, unos kilómetros más allá de Los Encuentros, fue la primera vez que vi a los patrulleros caminando a la orilla de la carretera. Portaban una bandera de Guatemala, un trapo triste y empolvado en la punta de algún instrumento de labranza, y marchaban en fila con el gesto cansado y también triste. Algunas semanas después a la pregunta de qué hacían las banderas erguidas en medio de los maizales, alguien me contestó que eran las que los protegían de la llegada de los pintos o los ejércitos, como les decían los indígenas a las tropas que asaltaban sus comunidades. Se trataba de los primeros pasos de los planes militares que arrasaron con millares de vidas de “enemigos” y aplastaron cualquier vestigio de rebeldía en las comunidades indígenas.

De eso estaba hecho el mundo en aquel tiempo tan lejano y tan cerca, tan adentro mío, de muerte, mentiras y manipulaciones, de miedo y de silencio, de asquerosas complicidades del poder oligárquico con los más grandes criminales. Quienes resistíamos en nuestros agujeros sentíamos, más que sabíamos, que el cerco se cerraba implacable por encima de nuestras cabezas.

Y ahora, la justicia, ni pronta ni cumplida pero justicia al fin, no un trofeo que se entrega a las víctimas sino un resultado de su persistencia de décadas. La justicia como la única respuesta válida ante los crímenes descomunales y el dolor insondable, crímenes de lesa humanidad que son calificados como tales por la huella profunda en la memoria de quienes sobrevivieron a las masacres, a las quemas de sus humildes casas, a la destrucción de sus animalitos y cultivos, a la muerte infligida aún a las criaturas no nacidas.

En nuestro país, la justicia para las víctimas de los genocidas, torturadores y desaparecedores debe ser un alto en un proceso vertiginoso, altamente violento, caracterizado por la “democratización” de la cruda muerte, tan cruel e inesperada. Viejos y nuevos criminales de todos los tamaños y en todos los ámbitos siguen siendo favorecidos por la impunidad, en un contexto en el que todo es distinto, sobre todo en la imposición de formalismos jurídicos y rituales democrático – electorales engañosos, pero en esencia permanece inalterado, Guatemala sigue siendo concebida como una fincota propiedad de un reducido grupo de oligarcas que acaparan los beneficios del trabajo de las mayorías indígenas. Este es un momento de reflexión sobre quiénes somos y qué queremos como sociedad, para decidir si vamos a seguir diciéndoles a los criminales de ayer y de hoy “señor presidente”, “señor ministro”, “señor diputado”.

Por: Simón Antonio

Fotografías: Nelton Rivera

La Corte de Apelaciones del Ramo Civil y Mercantil informó a la Autoridad Ancestral y municipal de Santa Eulalia, Huehuetenango, que se da trámite del amparo interpuesto el 4 de enero en contra del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de la hidroeléctrica San Luis, propiedad de la empresa Cinco M ubicado en la finca San Luis.

A partir de hoy, 16 de enero, se le da 48 horas a la Dirección de General de Gestión Ambiental y Recursos Naturales del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales para presentar un informe circunstanciado sobre el caso.

El amparo pide a las autoridades judiciales que se ordene la revisión del Estudio de Impacto Ambiental, debido a que presenta deficiencias, una de ellas es que presentaron las firmas de 15 personas, que en primer lugar  no son de Santa Eulalia sino de Barillas, además aunque las personas hayan sido de Santa Eulalia, la cantidad es insuficiente ya que es toda la población quien debe ser consultada sobre si se aprueba o no este proyecto.

Este recurso de amparo fue planteado por Rigoberto Juárez Mateo, autoridad ancestral del pueblo q´anjob´al de Santa Eulalia y Lorenzo Gregoriano Francisco, como terceros interesados se encuentra la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH),  empresa Cinco M y la Asociación de Abogados Mayas de Guatemala.

Texto y fotografía: Simón Antonio

Desde el inicio del juicio por genocidio y delitos contra los deberes de la humanidad en contra del exjefe de gobierno Efraín Ríos Montt –a puerta cerrada- y de Mauricio Sánchez Rodríguez –pública-, en el Tribunal de Mayor Riesgo B,  integrado por la por la jueza María Eugenia Castellanos Cruz como presidenta y los vocales Sara Gricelda Yoc y Jaime Demar González Marín, se ha escuchado a más de treinta testigos.

El 12 de enero en la fase de declaración de las partes querellantes, se presentaron tres pruebas testimoniales sobre tres hechos sucedidos en la región durante el gobierno de facto de Efraín Ríos Montt del 23 de marzo de 1982 al 8 de agosto de 1983.

La muerte de un no nato y de su madre

El primer testimonio fue de Nicolás Toma Mejía,  quien relató al Tribunal como murieron su esposa Isabel de la Cruz que tenía ocho meses de embarazo, sus familiares Marta Toma Mejía y Miguel Toma Toma, fueron alcanzados por elementos del ejército cuando corrían a resguardar sus vidas, siendo alcanzados en junio de 1983 en la comunidad Villa Hortensia II de San Juan Cotzal.

Ante el temor Nicolás Toma junto a otras personas  se instalaron en una  montaña donde estuvieron por  más de un año, en su estancia fue testigo de cómo murieron por lo menos 24 personas de hambre. Después de un año y medio bajó de la montaña por la falta de comida en el lugar.

Al llegar a la cabecera municipal de San Juan Cotzal, fue tratado mal por elementos del ejército, se le atribuyó ser miembro de la guerrilla y fue obligado a patrullar junto a otras personas, así  como a trabajar haciendo cunetas desde las 6:30 de la mañana y a partir de las 4 de la tarde patrullaba cada siete o doce días.

Don Francisco escapó de la muerte en la iglesia

El segundo testigo fue Francisco Pablo de origen q´anjob´al, quien relató los hechos sucedidos en la finca Covadonga San Joaquín de San Gaspar Chajul el 7 de abril de 1982. Inició su declaración indicando que estaba dispuesto a decir toda la verdad al Tribunal para que pueda haber justicia.

“Ese día que llegó el ejército nos juntaron a todos los que vivimos en la comunidad y nos separaron, los hombres en la iglesia católica y las mujeres en el juzgado. Cuando ya estaba separados los soldado emprendieron fuego y comenzaron a disparan.

A nosotros nos llevaron a la iglesia, pateamos  al ejército y pudimos escapar, muchos escapamos, pero las mujeres no pudieron escapar porque estaban en el juzgado, no se podía patear. Ese día murieron por lo menos  45 personas incluyendo bebés”.

Según Francisco Pablo ese mismo día murió quemado su hijo de 7 años.  “Después que quemaron Covadonga nos fuimos a la montaña, al día siguiente regresamos a enterrar a mi hijo”.

Posteriormente se fueron a la montaña junto a otras personas para resguardarse de la muerte. Después de año y medio ante la falta de alimentación y medicina, Francisco Pablo bajó de la montaña siguiendo las instrucciones de una avioneta que había difundido por varios días la noticia de que se rindieran y dejaran de sufrir.

Llegó a la comunidad La Perla,  donde había un servicio civil y un destacamento militar,  uno de los jefes militares le apuntó un arma al momento en que se presentó.  Posteriormente buscó trabajo y se quedó a vivir ahí durante un tiempo.

La ejecución de la política de tierra arrasada

Juana Tiu So llegó a vivir con su padre Manuel Tiu Espinosa a la finca Santa Clara, en el municipio de San Gaspar Chajul, al alcanzar la mayoría de edad con Santos Natalicio Ixcoy procrearon a su hija María Ixcoy Tiu.

Entre 1982 y 1983, un día desde el cielo los soldados comenzaron a tirar bombas contra la comunidad,  que en ese entonces tenía aproximadamente 200 casas. “Los aviones venían y comenzaban a tirar bombas, por eso por el susto veíamos como nos escondíamos bajo las piedras en las montañas”.

A los sobrevivientes no les quedó otro camino que irse de la finca. “Lo que hicimos nosotros fue ir a la montaña porque ya no teníamos casa ni teníamos a donde ir” afirma Juana Tiu ante el Tribunal.

En el camino a la montaña su padre le habló: “Ustedes sigan huyendo porque ya no puedo más. De plano si me encuentra el ejército me va a matar, pero ustedes sigan huyendo”, cuando volvimos con él, ya estaba muerto, recuerda.

Por la persecución Juana Tiu no pudo enterrar a su padre en un cementerio sino lo hicieron en la montaña. Su declaración terminó diciendo que estuvieron en la montaña hasta la firma de los Acuerdos de Paz en 1996.

 

 

Viñera Francisco Rodas.

Por: Francisco Rodas.

De cumplirse la amenaza de un posible boicot comercial a Guatemala por parte de los países miembros de la liga árabe, la mudanza de nuestra embajada a Jerusalén nos puede costar una bobada de aproximadamente 278 millones de dólares anuales.

Hasta ahora, las valoraciones sobre este fenómeno han sido que la actividad más perjudicada sería la exportación de cardamomo, pero si los árabes declaran el bloqueo, irán a por todo.

La opinión pública tiene razón en cuanto a que la mayor parte del daño lo sufriría el cardamomo, ya que del total de exportaciones hacia los países miembros de la liga árabe, este producto representa el 38.3% de su valor. Incluso, otros tradicionales como el café y el azúcar sumados, apenas llegan a ser la mitad de la venta de cardamomo en esta región.

Otro indicador es que del total de ventas de cardamomo en el mundo, el 50.9% se negocia con los países miembros de la liga árabe. Es decir que nos tienen del pescuezo. Y si queremos ver el asunto como algo personal, el principal pulso sería con los Emiratos y Arabia Saudita, quienes compran el 89% del grano que llega a la región.

Siendo así, en febrero que empieza la temporada, deberíamos empezar a oír los gritos de desespero de los exportadores y productores que, a lo mejor, hasta tomen medidas de hecho y ocupen la plaza.

Ahora, si la molestia no sale a la superficie es que algo raro estaría pasando.

La canciller Sandra Jovel no sabe mucho de su cargo, mucho menos de negocios y economía, pero quizá de chiripa sabe el secreto que guarda su pronóstico de restarle importancia a un posible bloqueo árabe. Su justificación es bastante extravagante, declarando que por ser todos miembros de la Organización Internacional del Comercio (OIM) y que existen acuerdos internacionales, la vendetta árabe no prosperaría. Que no se le ocurra decirle eso a las transnacionales porque le enseñaran el indecoroso dedo medio alzado.

Pero para no ser ingratos, a la ministra se le debe dar el beneficio de la duda en cuanto a que tal vez la represalia, si es que la hay, no cause tantos moretones. Ahora lo de la OIM es un chiste peor que los que cuenta su jefe.

Alguien que pasa por alto las relaciones exteriores, pero se las sabe con el negocio cardamomero opina que no hay problema con las barricadas. No lo hay porque, según él, las cosas se resolverían empleando el recurso de triangular las transacciones hacia un tercer país o en otros casos, el caos puede serles útil para retener el producto a la espera de un alza en los precios.

Además agrega que, las vías serían las convencionales ventas directas a empresas extranjeras o hacia aquellas formadas (simuladas) en el exterior por el sector exportador nacional. No menos importante sería el contrabando, donde los países vecinos abrirán gustosamente sus puertas.

Y es que en estas guerras diplomáticas las divisas no tienen ideología ni lealtad.

Texto y fotografías: Jerson Xitumul Morales

En abril del 2017, en la aldea Telemán, municipio de Panzós, Alta Verapaz, los niños ya cansados de tener una educación mediocre y por el abandono a los centros escolares, desfilaron junto a familiares para mostrar su rechazo ante el Estado y el Ministerio de Educación.

Para que no se tomaran medidas contra ellos decidieron salir encapuchados, recordando la época de las desapariciones forzadas. Además de pedir que se le prestara más atención a la educación, exigían que no se apoyara al Pacto de Corruptos y como represalia el alcalde municipal Jaime Choc Winter, dejó de ayudar a la comunidad.

Texto y fotografías: Rubén Darío

El 15 de enero del presente año el Comité de Mujeres de la aldea Machaquilá,  inauguró el  Instituto Nacional de Educación Básica (INEB), ejecutado por la municipalidad de Poptún y utilizando fondos del Consejo Departamental de Desarrollo (Codede), con un costo de 800 mil quetzales. Este comité luego de haber trabajado durante mucho tiempo logró la construcción del establecimiento que tiene tres aulas, dirección, mobiliario y baños.

Deysi Isary Díaz del Cid, integrante del comité, dio a conocer que la gestión inició a mediados del 2010 y algunos meses después, el 12 de diciembre de ese mismo año les dieron a conocer a los padres de familias que se había aprobado el funcionamiento del INEB. Las inscripciones iniciaron el 17 de enero de 2011 y ese mismo año el centro educativo empezó a laborar en la escuela de Santa Barbará, sin embargo el propósito siempre fue poder construir una nueva escuela.

Este ciclo escolar 2018 el INEB de Machaquilá funcionará en su propio edificio, sin embargo los maestros dijeron que se necesitan dos aulas más y un laboratorio de computación para que sea completo, ya que hay mucha demanda de estudiantes. Al respecto el alcalde Salvador Carrera les prometió construir esas dos aulas para el próximo año,  y pidió apoyo de la comunidad para que ellos se encarguen de hacer el laboratorio de computación.

Una niña pequeña de la comunidad de Nub’ila’, Barillas protege y defiende la naturaleza.

Texto y fotografías: Manuel Pedro

Los seres humanos necesitan a la naturaleza,  obtienen de la tierra gran parte de los productos que les permiten vivir, pero no significa que sean “dueños de la naturaleza” o que puedan utilizarla de un modo arbitrario o agotar sus recursos indiscriminadamente

No poseemos derechos absolutos sobre la naturaleza, debemos administrar los recursos en un marco de respeto hacia la realidad natural y hacia las generaciones futuras.

Destruir la naturaleza, no respetar su riqueza, dinamismo y leyes equivale a no respetar al hombre que ha de vivir de ella y en ella. Cuando no tratamos adecuadamente y con benevolencia la naturaleza, tampoco nos estamos comportando nosotros de acuerdo con nuestra naturaleza humana y dignidad.

 

Texto y fotografías: Joel Pérez

El 12 de enero del presente año se llevó a cabo la feria titular para celebrar el  22 aniversario de la comunidad Copal AA La Esperanza, del municipio de Cobán, Alta Verapaz.

Como parte de las actividades que se realizaron se eligió y coronó a la señorita Flor de la Feria 2018-2019, donde una de las participantes elaboró su traje con  cardamomo, uno de los frutos que se siembran en la región.

Texto y fotografías: Mauro Osorio*

EL GRITO DE LO INVISIBLE es el título de una escultura del joven artista Óscar Porras, diseñada con piezas de metal reciclado y de múltiple uso, integrada en dos componentes. El primer componente, el más complejo, representa al cerebro a partir de una articulación fantástica y barroca de mecanismos-relaciones que culminan en los sentidos, como inquietantes extensiones en busca de libertad. Esta representación queda cubierta por el segundo componente: una urdimbre -también de metal-, que se extiende alrededor como apariencia externa de un cráneo a manera de una malla-piel, que no oculta sino que permite ver los mecanismos-relaciones ya descritas, a través de las numerosas celdas del tejido sobrepuesto. El conjunto o la suma de ambos componentes estructuran a un personaje que emite un grito, alzando el rostro desde la base del cuello. La pieza tiene una dimensión de 2m de alto, 1.50m de ancho y 2.60m de fondo; con un peso aproximado de 1,500 libras. Desde su concepción a su tratado final para ser expuesto, se cumplió un proceso de meses en los que la creatividad en la soldadura, moldeado y pulido de las piezas forjó, bajo intensos trabajos técnicos y conceptuales, una contundente pieza estético-artística altamente expresiva.

Para interpretar la existencia misma de la escultura “El grito de lo invisible” y su función en el contexto al que pertenece, será necesario caminar brevemente por una vía doble que, entre paralelismos y puntos de contacto, nos conduzca a la más justa ubicación de este hecho artístico. Como he señalado, la escultura representa a un ser emitiendo un grito. Un ser indefinido en su género. Un grito que no es al vacío o hacia nada o nadie. Es desde su expresión, el momento congelado, sinuoso e hiperbólico de una angustia colectiva. Un instante del nunca más y del basta. No es un grito abstracto, como no lo son las decenas de ejemplos que pueden citarse del arte mundial, desde Grünewald hasta nuestro cercano Ossaye, pasando desde luego por esa referencia icónica de Munch.

Y no lo es, porque “El grito de lo invisible”, en particular, genera su desgarre en un espacio y tiempo de descomposición social. Desgarre que por un lado, está inmerso en la múltiple crisis derivada del agotamiento, falta de legitimidad y solvencia de un estado liberal fallido y por eso mismo, del surgimiento en su seno, de reclamos individuales y colectivos de reciente o ancestral vigencia. Porras concreta una mueca y suspensos originados en su sensibilidad, ante los síntomas de protesta colectiva contra la injusticia social. Actos de impotencia ante la afirmación-respuesta rapaz de un sistema obsceno y castigador de múltiples fascismos (cultural, político, económico etc.) Un sistema que se sustenta en la exclusión y explotación de las mayorías sociales y minorías contraculturales, algunas de las cuales y según sus intereses, trata de engullir y resignificar para otorgarles un territorio de control y neutralidad (el llamado arte contemporáneo, por ejemplo). Por otro lado, y como parte de un efecto residual o casi lógico, también le atañe el conformismo del arte producido en Guatemala. Ése conservador, que no logra integrar en sus expectativas de expresión nada más que aquellos contenidos, formatos y formas que son fácil presa del mercantilismo, amparados en sus entronizados membretes de consagrado, fama (si internacional, mejor), éxito (económico, claro está), genio etc.

La escultura de El grito de lo Invisible puede ser en consecuencia, un grito de múltiple inconformidad y hastío para una sociedad petrificada en su falta de expectativas y para un medio cultural autocomplaciente y acrítico, usurpador de calidades, en donde se fomenta individualismos castrados de su contexto en conflicto. La escultura también es un acto de resonancia entre la falsedad de los valores sistémicos y la afirmación de las injusticias que definen a tantos campos de la cultura. Este grito-monumento media como un pronunciamiento que no agota el vasto sentimiento de tragedia en que ya casi por inercia, transita este país; pero lo hace visible, lo representa e induce a su reflexión, desde una leal y no negociable toma de partido estética de ruptura. Un flujo de contestación que por individual, es una cuesta arriba donde el artista planta cara con autenticidad.

Si bien es cierto que lo colectivo y lo social en crisis son solo una referencia y contexto, también cuenta y de manera protagónica, el hecho artístico de su concepción. En la tradición escultórica de nuestro país, siempre es estimulante y esperanzador ver concretados esfuerzos y motivaciones de este nivel. Actualmente, la producción de escultura cuenta con pocos ejemplos de producción que no se haga por encargo o anticipado deseo de vender y menos, en las dimensiones en que “El grito de lo invisible” está realizado. En el caso del autor, esta pieza es una apuesta personal y expresiva que no nace para apantallar ni demandar beneficios económicos y mediáticos. Si estos se dan, que sean como consecuencia natural y probable desde la calidad y valor contracultural de la propuesta ante el discernimiento público (con todo y lo abstracto que sea esta categoría en el arte), así como la audacia del gesto que trae implícito.

“El grito de lo invisible” Fue cocinado a fuego lento en una inversión que, desde su propia experiencia, el autor llama de “lágrimas, sudor y sangre”. Como escultura y desde el componente pragmático del objeto, es decir, los efectos que la pieza pueda generar en el medio, la pieza es llevada a otro nivel: El nivel de su puesta en escena frente a consagrados edificios de la política y cultura hegemónica o mediatizada, evento que contará con un registro foto y videográfico. Por supuesto, a la pieza le llegará su momento de lugar fijo, pero mientras eso se gestiona, hará un viaje itinerante para confrontar “El grito de lo invisible” en donde corresponde, según su autor: ante los emblemas culturales de la dominación, como un diálogo descolonizado y rebelde de su parte, cuyas consecuencias enriquecedoras se potencian en la calidad de los difusores, receptores y acompañantes de su intención.

A pesar de todas estas consideraciones, no se interprete de manera equivocada que entre obra y contexto se construye un puente para el espectador, que facilite reacciones frente al sistema. En parte asumo el escepticismo de Jaques Rancierre, en el sentido de no otorgarle a la obra por sí misma su unción de objeto propiciatorio (hacedor de milagros), pero con él también, subrayo el concepto del disenso estético eficaz; es decir, una ruptura entre lo que estamos acostumbrados a significar como artistas, lo que de esa significación es posible leer por parte de los interesados y los efectos que de ello se deriven en el medio. Si el arte puede ser, es a condición de «una mirada y un pensamiento que lo identifiquen» y también por una capacidad de transformar nuestra experiencia posible. En ese disenso que provoca la diversidad de percepciones y usos del objeto estético, es por donde el proceder ético de Óscar Porras suma a su escultura la tensión que viabiliza el sentir de la inconformidad pronunciada, así como su capacidad técnica y artística respecto al medio escultórico para hacer posible desde su grito, ese flujo de contingencia local y sistémica tan necesaria y saludable.

Guatemala, diciembre de 2017.

*Artista Visual.

 

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