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Texto: Pablo Rangel

Fotografía: Asociación MINGA

Don Maclovio Picax era un apasionado de la política. Vivía en una pequeña aldea a 30 minutos del casco urbano del municipio al cual pertenecía. Desde que era un niño siempre había apoyado a todos los partidos políticos que llegaban a su pueblo. Cuando era joven se encargaba de acarrear a las personas para ir al centro de votación.

Pasó el tiempo y vio pasar los diferentes gobiernos hasta que a partir de 1986 hubo de nuevo elecciones de Alcalde. Soñaba con llegar al puesto. A pesar de sus sueños de poder se encontraba con que las últimas dos oportunidades en las que pudo haber sido candidato y según sus cálculos, ganar abrumadoramente las elecciones, siempre aparecía alguien que se le adelantaba o que ya había recibido el beneplácito del partido ganador de los comicios generales. Frente a esta problemática Maclovio junto a otro grupo de entusiastas, sus amigos del equipo de fútbol del pueblo y varios bolitos que les gustaba hablar de política, decidieron armar su comité cívico. No obstante, no veían que el grupo levantara. Hacían sus números y parecía que iban a quedar en el último lugar. Triste después de ver las encuestas que había hecho un joven estudiante de computación del pueblo, iba de regreso a su casa cuando vio a sus amigos tomando en una cantina de la aldea.

– ¡Maclovio!, ¡vení!

– ¿Qué tal muchá?

– ¡Que vengás pisado!

–No hombre muchá, tengo que ir a mi casa.

–No seás morro cerote, ¡vení!

–Va, solo una y me voy a la droga.

– ¿Una qué? Yo solo te estaba llamando por chingar, vos ya creías que te íbamos a invitar jajaja.

–Mejor me voy.

–No hombre, no seás mula, vení tomate un octavo…

Después de cinco horas Maclovio ya había tomado una botella entera de aguardiente y estaba dormido sobre la mesa. A eso de las diez de la noche abrió un ojo, después el otro y se puso de pie. Empezó a caminar hacia su casa casi cayéndose. Iba en el baile del mareo cuando de repente se deslizó en una zanja y cayó dentro de un terreno sobre las raíces de un árbol grande. Perdió la noción del tiempo, sentía que había estado unos minutos en el lugar, pero lo cierto es que había estado casi cinco horas dormido. Cuando abrió los ojos eran las tres de la mañana. Sintió que se acercaban tres personas. Eran dos mujeres en traje de baño, con unos logos que parecían de un partido político pero no eran de ninguno conocido. A lado de ellas estaba un hombre con un sombrero, lentes oscuros, una vara edil y una banda presidencial de Guatemala. Le habló lacónicamente:

–¡Maclovio! Eres un hombre de trabajo, te he visto desde hace mucho y ahora veo que has avanzado en el camino de la política. Te quiero decir que puedes recibir mi apoyo.

– ¿Quién es usted disculpe?

–Yo soy el mejor operador político de todos los tiempos, soy… ¡el Diablo!

–Jajajaja, ¡usted está loco mi hermano! ¿Cómo va a ser el diablo?

–Ah, no me creés… Pedime lo que querrás y te lo doy.

–Aaaahhh…., va pues, quiero ir primero en las encuestas para las elecciones y que el día de las votaciones toda la gente vote por mí, quiero ganar con un 90 por ciento de los votos.

– ¡Muy bien!, no es nada difícil, te lo puedo conceder.

–Jajajaja, comé mierda vos pisado, ustedes deben ser los cuates el Esvin que me andan chingando.

Maclovio empezó a sentir un calor lacerante, sentía que estaba frente a una fogata y el olor azufrado era tan fuerte que lo hizo toser un par de veces. Pensó en ese momento cuando todavía estaba alcoholizado y estaba teniendo alguna alucinación. Cuando de pronto el hombre tomó la palabra de nuevo

–Pero, Maclovio, te quiero decir que la gente realmente no te quiere para alcalde. No hablás bien, no te presentás bien y los otros candidatos además de tener más dinero tienen algo que a vos te falta: mucho… carisma.

–¡Mentira! ¡Yo hablo mejor que don Asdrúbal y mucho mejor que la doña Chochis!

–No maestro, don Asdrúbal, a pesar de ser viejo y no tener dientes, ha sido un buen hombre toda su vida, siempre ha ayudado a los niños regalando útiles escolares y doña Chochis es una buena maestra.

–¡No es cierto! Son corruptos, ¿de dónde salió la casa del don Asdrúbal pues? Y la doña Chochis, ¿cómo es que tiene ese puesto? ¡Todos son corruptos! Por eso si vos sos el diablo lo único que te pediría es que jodás a esa gente porque me han jodido toda la vida, porque ahora encima quieren ser autoridad.

–¿Ya viste? Sos una desgracia de persona, no te alegrás del bien ajeno, solo criticás y odiás en vez de unirte para estar tan bien como ellos.

Maclovio veía de reojo a las dos señoritas y tenían unas colas largas rojas terminadas en algo parecido a una flecha. Después vio al hombre que le hablaba y le empezaban a salir unos cachos gigantes por debajo del sombrero, ahora, en vez de vara edil lo que tenía en la mano era un tridente al rojo vivo. La voz cambió y habló con un tono grave y potente

– ¿Querés ganar?, ¿sí o no?

–Pues sí, pero se tiene que fregar a esa gente, si no, no gano.

–Te puedo hacer ganar, vamos a movilizar a toda la gente de todas las aldeas y a los del casco urbano también, te voy a poner buses, picops, motos, tuk-tuks y patojos con triciclos. Vamos a regalar comida, láminas, molinos de nixtamal, televisiones, botas vaqueras, azadones, fertilizante, guaro. Vamos a matar cinco coches y vamos a regalar carnitas, y vos solo te vas a tener que tomar una foto que te vamos a arreglar con Photoshop porque sos bien feo y no le gustás a nadie.

–Y encima me insultan, espere a que llegue de alcalde y van a ver quién es la autoridad.

– ¡Eso es lo único que te voy a pedir a cambio! Que cuando llegués a alcalde construyás un templo, aquí están los planos, para toda la gente que quiera llegar a adorarme. Mirá, en Colombia ya hicieron uno, aquí están las fotos, yo necesito que me hagás uno así. Si no lo haces, te prometo que te vas a ir shuco.

–No les creo. Si gano voy a ganar porque soy bien cabrón.

–Hoy mismo vas a ver resultados y en una semana que son las elecciones vas a ganar, pero tenés que cumplir, sino vas a pagarla muy caro.

–Jajaja, bueno, a ver qué tal.

El hombre que se había tornado en un ser de más o menos dos metros de estatura y las dos mujeres que habían transformado sus caras en unas figuras demoníacas prendieron en llamas y se desvanecieron en la oscuridad. Maclovio se trató de parar pero quedó dormido otra vez hasta las seis de la mañana, se paró como pudo y empezó a caminar sufriendo los embates de una monumental cruda. Finalmente llegó a su casa y le pidió a su mamá que hiciera un caldo de quilete con huevos. Se sentó a la mesa cuando de pronto llegó uno de sus amigos de campaña. Sorprendido le dijo:

–Te tengo buenas noticias.

– ¿Qué pasó?

–Hoy a las siete de la mañana se reunieron todos los representantes de las aldeas y, ¿a que no adivinás qué?

– ¿Qué?

–Decidieron apoyarte para las elecciones, dicen que don Asdrúbal no ha dicho de dónde sacó todo el dinero para esa gran casa que se construyó y que doña Chochis no pudo justificar que le hayan dado el puesto de maestra en la escuela, entonces, solo quedás vos y que te van a apoyar todos.

– ¡Puchis! ¡Al fin se dieron cuenta! Es que la gente es tonta, no ven que yo soy un gran orador y además esos dos siempre me han bloqueado para llegar a la Alcaldía (de pronto quedó en silencio, recordó las palabras del diablo)…

–No hombre, eso fue un sueño de bolo.

– ¿Qué cosa, Maclovio?

–Eh, nada, solo estaba pensando en voz alta.

A cinco días de las elecciones, el joven de las computadoras decidió publicar otra encuesta rápida. La sorpresa de todos fue que Maclovio y su comité cívico “El Gorrión” habían avanzado y tenían posibilidades de arrasar con el 90 por ciento del padrón electoral. Un ascenso vertiginoso, mucha gente decía: “este macho está siendo empujado por alguna fuerza sobrenatural”. Dos días antes de las elecciones, aparecieron 20 vallas publicitarias gigantes una en cada aldea y 10 en el casco municipal. Había lugares donde estaba una detrás de la otra, con la cara de Maclovio evidentemente arreglada, con un sombrero y abajo un eslogan: “Yo voto por el Gorrión, porque Maclovio es el más cabrón”. Toda la gente decía, “este tipo tiene un rostro bello, hasta parece artista”. Un día antes de las elecciones, se vieron pasar 50 buses, varios tuk-tuks y picops cargados con gente. De un tráiler de doble remolque salían láminas, molinos, azadones, botas, ropa, comida, una gran disco con luces inteligentes, una coreografía de señoritas vestidas de diablas y unos hombres fornidos con las caras rojas y una música hipnótica, todo el pueblo estaba bailando. A la par de la música, cinco cazuelas gigantes llenas de aceite hirviendo con carnitas, chicharrones, tortillas, guacamol, rábano picado y 20 mil cervezas y aguas en lata para los patojos. Hubo sorteos de televisiones, motos, laptops, I pads y teléfonos con planes de Internet ilimitado por un año.

Finalmente llegó el día de las elecciones. La gente hizo unas colas gigantescas para votar. A las nueve de la noche, después de haber contabilizado las 30 mesas, resultaba que El Gorrión había obtenido el 99 por ciento de los votos, los otros partidos a duras penas habían llegado a tener el 1 por ciento. Hubo mesas donde toda la gente votó por El Gorrión y los únicos que votaron por los otros partidos fueron los candidatos y algunos de sus familiares. El triunfo de Maclovio fue abrumador. Empezaron a llegar las entrevistas y Maclovio solo atinaba a decir “¡Gané! ¡Porque el Gorrión y Maclovio, soy el más cabrón!”.

La gente opinaba que estaba nervioso y por eso era que no decía mucho, así que esperaron hasta el día de la toma de posesión. A la toma de posesión llegó completamente borracho, apenas si pudo decir “Gracias”. Cuando se fueron de regreso al salón de reuniones dijo que lo primero que iban a hacer era embargarle la casa a don Asdrúbal y además, meterlo preso por construir sin licencia. Además, que iba a cerrar la escuela y a pedir que dejaran sin plaza a doña Chochis. Así lo hicieron.

Al tercer día de su mandato, había estado completamente borracho sobre una mesa con un montón de billetes encima, le volvió a aparecer el hombre que decía ser el Diablo y las dos mujeres.

–Bueno mi estimado Maclovio, Alcalde plenipotenciario de esta municipalidad, mago de la política y fogoso orador…jajaja… ¿Te la creíste verdad?

–Vos, ¿otra vez? Yo gané porque la gente se dio cuenta de que soy el mejor y porque desenmascaré a esos dos corruptos de la Chochis y el Asdrúbal.

–Jajajaja, sí serás caballo… bueno, no importa lo que creás. Estoy aquí porque hay una promesa que tenés que cumplir. Ya tenemos visto un terreno en el Registro de la Propiedad. Está libre y además, aquí están los planos, movilizá a los muchachos porque ya tenemos hasta el material, así que a construir mi templo, pero ¡vivo!

Maclovio tomó el teléfono y llamó a la secretaría

–Aló, Cochito (Cochito le decían de cariño a su secretario), mándame a los policías de la muni y venite vos que aquí hay un loco y dos señoritas que me están extorsionando, son mareros.

–Ahora vamos jefe.

Entró Cochito junto con diez hombres más, todos con las caras rojas, eran los muchachos del baile en el pueblo. Maclovio les dijo “muchá saquen a este maje y a estas dos doñitas, denle de regalo una lámina a cada uno y si se ponen brincones hagan lo que quieran con las chicas y a este viejo mátenlo a pijazos”. El demonio sonrió y dijo:

–Cochito, vos serás el próximo alcalde. Ya saben qué hacer con este inútil. Cochito y los otros hombres desenfundaron unos fusiles, los cargaron y apuntaron a Maclovio.

– ¿Qué pasó muchá? Yo soy el alcalde, no jodan. Cochito, no me traicionés mano.

Cargaron sus fusiles y descargaron cada uno 50 tiros sobre Maclovio. Se escucharon las ráfagas y Maclovio solo sentía que rebotaba, gritaba ¡no! ¡no! De pronto saltó del susto y vio que estaba tirado sobre las raíces de un gran árbol de Jacarandas. Volteó a ver y se escuchaban los disparos… Era un agricultor que había encendido una bomba  para sacar agua de un pozo, se oían las explosiones como disparos de fusil. Maclovio vio a todos lados, corrió a su casa. Lo esperaba Cochito y otro de sus amigos del comité cívico. Al entrar le dijeron “mano, vamos bien jodidos en las encuestas, si querés mejor no participemos”. Maclovio con una cruda de miedo dijo: “simón, no hay clavo, en otra ocasión será”.

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Texto y fotografías: comunitarios de Chiquixji

El viernes 24 de marzo en la aldea Chiquixji, Región 14 de San Pedro Carchá, Alta Verapaz, líderes comunitarios, niños, ancianos, docentes y estudiantes de básicos y universidades se organizaron para limpiar las calles y recolectar la basura que contamina la zona. Se realizará cada tres meses para así lograr que la aldea se mantenga más limpia y evitar enfermedades.

La iniciativa fue hecha por los dirigentes de la comunidad sin que participara ninguna institución. La municipalidad se hizo presente el día de la actividad sin embargo no se comprometieron a participar de manera activa.

Una de las medidas tomadas es evitar usar bolsas plásticas ya que son desechables y empezar a utilizar canastas o morrales.

 

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Texto Quimy De León.
Video y fotografía Nelton Rivera.

Yoselin Yamilet es la niña que faltaba por reconocer de las 40 que murieron en la masacre en el Hogar Seguro. “Yami” como la conocía su familia tenía 15 años, estaba en segundo básico y entró a este hogar después que sus familiares pusieron una alerta Alba Keneth, para protegerla. Días antes había sido víctima de violencia sexual. El día viernes 24 de marzo, se confirmó la muerte de la niña número 41, una de las niñas que fue trasladada a los Estados Unidos para su atención médica, el gobierno mantiene el hermetismo sobre la información de las niñas que viajaron al país del norte.

Ella intentó huir del infierno en el que vivían las niñas en ese hogar el 7 martes de marzo, un día antes uno de sus tíos estuvo conversando con ella durante la visita en el Hogar Seguro, lamentablemente, ella estuvo en el salón dónde murieron incendiadas las 39 niñas más.

Desde que ocurrió la masacre en el Hogar Seguro su tío Emilio Marroquín esposo de Blanca la hermana de la mamá de Yami y Lilian Estrada una amiga de la familia la buscaron sin parar. La buscaron en el Hogar Seguro, en los hospitales y en la morgue del Inacif. Desde el 8 de marzo no dejaron un solo día de hacerlo, dieron pruebas de sangre sin tener éxito. También se les permitió entrar a reconocer a las niñas que estaban hospitalizadas y a las que estaban en la morgue sin poderla encontrar.

La mamá de Yamilet murió en un accidente sobre la calzada San Juan hace 14 años, Yamilet tenía tan solo 1 año de edad cuando eso ocurrió y no tiene papá, por lo que su reconocimiento por medio de ADN fue difícil. Tiene dos hermanos Brandon de 19 años y Bryan de 22 años.

Cuando ya solo quedaba un cuerpo en la morgue, luego de 14 días de búsqueda, entraron nuevamente a tratar de reconocerla pero no lo lograban. A través de apoyo de organizaciones de derechos humanos lograron poner un recurso de exhibición personal para lograr encontrarla, ya que hasta hoy se encontraba desaparecida.

Finalmente este miércoles 22 de marzo por fin encontraron a Yami, fue a través de los resultados del examen de ADN que le realizaron al hermano de 22 años que fue posible realizar la identificación de su cuerpo. El dolor de la espera y del terrible hecho, han hecho de estos días un verdadero infierno para su familia.

#NosFaltan41 #LasNiñasDeGuatemala

 

Con información de corresponsales locales.

Lunes 28 de marzo, las comunidades afectadas de los territorios de la Sierra Lacandona y la Laguna Del Tigre, realizaron una conferencia de prensa en la ciudad de Flores Petén, la conflictividad provocada por varias instituciones estatales como el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) siguen afectando a la población que históricamente ha habitado estos dos territorios.

El Estado guatemalteco se niega a establecer un proceso de diálogo trasparente con las comunidades afectadas, contrario a esto, realizaron esta mañana una reunión con altos funcionarios sin convocar a las autoridades comunitarias de la Sierra Lacandona y de la Laguna del Tigre, la reunión la realizaron a puerta cerrada en el Hotel Peten Esplendido en Flores, así lo denunciaron los comunitarios.

Lea el comunicado de las comunidades:

  1. Se suspenda la criminalización y difamación que el Estado promueve en contra de las comunidades; así mismo agilice la conformación de una Mesa de Diálogo y se atienda la propuesta planteada por las comunidades que busca fortalecer el dialogo en Guatemala y la democracia.
  2. Que el Organismo Judicial, Organismo Legislativo y Organismo Ejecutivo nombren de forma inmediata una comisión para que integren la Mesa de Diálogo y negociación con las comunidades, dichas comisiones deben de apersonarse a la Comisión Presidencial de Diálogo quien está hasta el momento como facilitadora de la Mesa de Diálogo.
  3. Que previo a firmar el “Acuerdo Marco”, que el Estado garantice la suspensión de los desalojos y la criminalización y permitan la libre locomoción.
  4. Que se firme el Acuerdo Marco de la Mesa de Diálogo a más tardar a finales de abril de 2017.
  5. Que se conforme una Mesa de Diálogo que cumpla con los estándares internacionales enfocados principalmente en resolver y discutir los ejes planteados por las comunidades.

 

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Texto y fotografías: David Diego

Los comunitarios de Santa Eulalia, en el departamento de Huehuetenango, están utilizando más el abono orgánico ya que eleva la temperatura del suelo favoreciendo la formación y el desarrollo de las raíces. Es necesario que la población reduzca el uso excesivo de los abonos químicos sintéticos que dañan la tierra y además no dan buenos resultados.

Esta es una iniciativa de la Asociación de Mujeres Eulalenses para el Desarrollo Integral Pixán Konob’ (AMEDIPK), que se dedica al cuidado del medio ambiente y que en esta ocasión preparó el abono utilizado en la actividad.

 

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Texto y fotografías: Emanuel Bran

Domingo 26 de marzo. “En el parque central del municipio de San Miguel Ixtahuacán las autoridades comunitarias y ancestrales del pueblo maya mam realizaron una concentración pacífica para denunciar las violaciones a los derechos humanos que la empresa canadiense Gold Corp provocó desde el año 2005, la empresa ya cerró sus operaciones en este lugar, pero los daños son irreparables.”

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Arte: Cristina Valenzuela
Arte: Cristina Valenzuela

15 de marzo de 2017

Rosa Julia (16), Indira Jarisa (17), Daria Dalila (16), Ashely Gabriela (15), Yemmi Araceli (15), Jaquelyn Paola (15), Milenie Eloisa (17), Siona (17), Josselyn Marisela (16), Hashly Angely (14), Mayra Aide (16), Yusbelí Yubitzamerary (14), Skarleth Yajayra (15), Yohana Desire (15), Rosalinda Victoria (15), Madelyn Patricia (14), Sarvia Isel (14), Ana Noemy (16), Ana Rubidia (16), Jilma Sucely (14), Yoselin Beatriz (15), Grindi Yasmin (16), Mary Carmen (14), Keila Rebeca (17), Nanci Paola (15), Estefany Sucely (16), Lilian Andrea (13), Mirsa Rosmeri (16), Ana Roselia (14), Grisna Yamilet (15) Luisa Fernanda (16), Sara Noemy (17), Celia Maríasamary (15), Iris Yodenis, Candelaria, Kimberly Mishel, +, +, +.

¿A qué viene nombrar a 40 jóvenes con sus años, que vieron sus ilusiones y esperanzas hechas cenizas en un voraz incendio el día 8 de marzo y siguientes, en el “Hogar Seguro” Virgen de la Asunción?: ¿pesado?, ¿monótono?, ¿repetitivo? ¿Preferimos no recordarlas para disimular un poco la vergüenza? Es una lista negra como noche gélida, sin luna ni estrellas. Pero también es una lista blanca por la inocencia de las niñas, aunque la sociedad en que vivieron, no ellas, se la haya manchado, y teñida de azul por las esperanzas e ilusiones que en su mente iban brotando. Esta lista nos recuerda la genealogía de Jesús con que comienza su Evangelio San Mateo. A muchos no les gusta escuchar toda esa serie de nombres, pero es la manifestación más clara de la humanidad del Hijo de Dios y que al humanizarse nos acoge a todos, hombres y mujeres, niños y adultos, buenos y malos. También, pronunciar el nombre de estas niñas, sin olvidar ninguna, nos hace conscientes a todos de nuestra responsabilidad parcial e indirecta en su sacrificio y martirio.

Afirmamos que son “mártires”, en el pleno sentido de la palabra, como recordamos a los “mártires de Chicago” del 1 de mayo de 1886, quienes inmolaron sus vidas por mejorar las condiciones laborales de todos los trabajadores, o como recordamos a Gandhi o a Martin Luther King. El diccionario de la lengua española entiende por “mártir”, no solo la persona que padece la muerte en defensa de su religión, sino la persona que muere o sufre grandes padecimientos en defensa de sus creencias o convicciones. Y, ¿qué otra cosa querían las jóvenes del Hogar Virgen de la Asunción más que la sociedad se enterara del maltrato que recibían, de los abusos de que eran objeto, de las vejaciones que día a día tenían que sufrir? A este propósito es suficiente recordar un hecho: de las 9 jóvenes de Quezaltenango que estaban en el Centro, todas ellas estaban embarazadas, según dieron a conocer los medios de comunicación.

Y son otras mártires del sistema, porque éste ha sido el que las marginó y condenó a una vida imposible de sobrellevar. La economía neoliberal, unida a la mentalidad segregacionista y racista de nuestra sociedad, el bloque en el poder, entre otras causas, es lo que condenó a estas niñas a la violación y a la hoguera, como decía una pancarta en la manifestación del sábado 11. Claro está que el sistema no es un ente de razón y tiene personas que lo representan y sustentan. Por consiguiente, a ellos es a quienes hay que pedir cuentas en primer lugar de la vida de estas niñas.

El día 8 de marzo amaneció como un día especial por celebrarse el Día de la Mujer. Todos nos levantamos recordando a tantas mujeres a quienes queremos y amamos, nuestras madres, hermanas, amigas, mujeres con las que hemos contactado en la vida y que han sido inspiradoras de ternura y amabilidad, de sacrificio y entrega sin límites. Muchas mujeres a quienes tenemos que agradecer la armonía, belleza y ternura que necesitamos en nuestra sociedad.

Pero este día pronto comenzó a nublarse. La tormenta “Stella” que azotaba el nordeste de Estados Unidos, también teñía de frío, gris y tinieblas a nuestro país. Casi desde el amanecer. Nos llegaban noticias tristes, aterradoras, trágicas. Costaba aceptar su veracidad. 32 niñas del “Hogar Seguro” Virgen de la Asunción, habían perdido la vida en el incendio de una habitación de ese Centro en el que había unas 60 jóvenes hacinadas bajo llave. Otras tenían graves quemaduras y 8 de ellas fallecieron los días siguientes. El Día de la Mujer se tiñó de luto y de rojo. Como el primer Viernes Santo, nos sobrecogió el dolor y recordamos a la Madre de Jesús y sus buenas amigas, doloridas al pie de la cruz. ¿Qué había sucedido?

Ese día se evidenciaron la maldad, el pecado y la degeneración de nuestra sociedad machista y farisea. Aunque para gran parte de la población pasaba inadvertido, la reacción de los que se fueron enterando fue muy diversa. Algunos la recibieron con indiferencia. Otros manifestaban la poca solidaridad y nulos sentimientos humanos que tienen dentro de sus entrañas. No faltaron quienes comentaban que no era la primera vez que ocurrían desgracias semejantes y, por tanto, no había que rasgarse las vestiduras. Reacciones que indican el egoísmo llevado al extremo, sin conciencia de lo que significa que todos somos seres humanos y participamos de la misma naturaleza. Por consiguiente, nadie puede ser ajeno al dolor, sufrimiento y martirio de estas jóvenes.

Conocemos, más o menos, cómo se sucedieron los hechos y no hay necesidad de repetirlos de nuevo. Pero sí quisiéramos poner atención y buen oído a los gritos que ellas profirieron. Hoy nos dolemos y lamentamos: ¿pero qué hemos hecho para que esto no ocurriera?, ¿cuál es el trato que se da a las niñas y a las mujeres en nuestro país?, ¿qué respeto merecen? Se abusa de ellas día a día, impunemente, con el conocimiento y consentimiento de las autoridades que debían velar por ellas y que además están implicadas en esos crímenes. La tragedia ocurrida nos hace recordar las palabras de Jesús contra los maestros de la ley y los fariseos: “Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que edifican sepulcros a los profetas y adornan los mausoleos de los justos! Dicen: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros antepasados, no habríamos colaborado en la muerte de los profetas” (Mt 3,29-30). Un poco más de sinceridad, honradez y respeto. ¿Por qué nos dolemos de lo que hemos provocado? ¿Por qué ahora les levantamos monumentos cuando hemos sido nosotros, la sociedad, quienes las hemos matado?

Una de las explicaciones fáciles que se dan, tratando de justificar los hechos, es que la propia familia tenía que haberlas cuidado y educado. ¿No nos damos cuenta de que, en la mayoría de los casos, la pobreza y los conflictos familiares es lo que ha abocado a niñas y jóvenes a ese hogar y otros por el estilo? Es muy bonito señalar con el dedo a sus familias para justificarnos, lavarnos las manos y esconder la grave responsabilidad del sistema sociopolítico, como si no tuviéramos parte en esta tragedia. Un mínimo de conciencia social y corresponsabilidad no nos permite pensar así. Desde el momento en que sus familias han dejado al Estado su cuidado, éste es el responsable y tiene que responder por estos hechos.

La primera visita que el Papa Francisco hizo después de ser elegido el 13 de abril de 2013, fue a la isla de Lampedusa el día 8 de julio, para solidarizarse y dolerse por las 93 personas muertas y otras 250 desaparecidas, a consecuencia del naufragio de la balsa en que viajaban 500 personas. El día 3 de octubre de este mismo año, en el discurso a los participantes del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, recordando este hecho, dijo: “Sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza”. Esa misma vergüenza nos embarga hoy ante este cuadro doloroso y humillante.

En la homilía que pronunció en Lampedusa, dijo unas palabras que merece la pena recordarlas porque parecen dichas para nosotros: “Tantos de nosotros, me incluyo yo también, estamos desorientados, no estamos ya atentos al mundo en que vivimos, no nos preocupamos, no protegemos lo que Dios ha creado para todos y no somos capaces siquiera  de cuidarnos los unos a los otros… Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de “sufrir con”: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar!… Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nuestros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste”. Da la impresión de que el Papa conociera nuestra sociedad y nos está echando en cara nuestro pecado, indiferencia e insensibilidad.

 Queridas niñas: ¿dónde está su frescura, gracia y belleza de la que tanta necesidad tiene la sociedad que las descartó?, ¿dónde están sus ilusiones de un futuro mejor para ustedes y la juventud de Guatemala?, ¿dónde sus esperanzas de participar en una sociedad libre y democrática en que todas y todos son tenidos en cuenta? Aquí continuará siempre su recuerdo, sus nombres, la fecha en que la sociedad las descartó, como señales en el camino que nuestra patria tiene que recorrer para que sea más justa y humana, y cómo gritos que tenemos que oír para cambiar de rumbo. El Día de la Mujer en Guatemala, siempre irá unido a su inmolación y al agradecimiento por habernos abiertos los ojos a una realidad olvidada: la niñez y la juventud.

También nos dirigimos a los familiares de las niñas, a sus compañeras y compañeros que todavía se encuentran en “hogares seguros”. Con una palabra de consuelo basada en nuestra fe en Jesús, crucificado y resucitado; nos atrevemos a asociar la memoria de Ellas a la de Él. Nos unimos a ustedes en la lucha contra cualquier abuso, daño y degradación. Nos unimos con ustedes a favor del bienestar y dignificación de las niñas y niños, adolescentes, ellas y ellos; de todas las hijas e hijos de Dios, especialmente de las y los más pobres y más vulnerables. Nos unimos con ustedes en el camino de la investigación, juicio y condena de responsables, a la lucha por un cambio total de este sistema de muerte e impunidad, a la defensa de la dignidad humana.

Amerindia – Guatemala

Comisión Arquidiocesana de Pastoral Social

Escuela de Teología y Pastoral “Monseñor Gerardi”

Arte: Cristina Valenzuela

 

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Por: Marisa Ruiz Trejo*

Fotografías: Cristina Chiquin. Mujeres Ixchel.

 Un incendio el 8 de marzo, Día internacional de las Mujeres, causó la muerte directa a al menos 41 niñas que vivían en el Hogar Seguro de la Virgen de la Asunción, un albergue estatal infantil y juvenil en Ciudad de Guatemala. Este suceso nos hace preguntarnos qué “vida segura” es la que ofrecen los Estados y cuál es el papel de las leyes y las políticas de infancia. ¿Ofrecen soluciones a los problemas cotidianos de violencia sexual, racismo y empobrecimiento que viven niños y niñas de nuestros países? Las inadecuadas condiciones en las que vivían las niñas los maltratos que recibían de trabajadores del centro fueron denunciados en el sistema de justicia guatemalteco desde 2015. Esta situación llevó a varias niñas, de entre 14 y 16 años, a intentar fugarse del centro el día 7 de marzo; a ser recapturadas por la Policía Nacional Civil de Guatemala, castigadas con agresiones sexuales, golpes brutales y encerradas bajo llave en un aula. Tal como narran los testimonios de las sobrevivientes, ante la desesperación del encierro, una de ellas prendió fuego a una colchoneta, lo que propagó rápidamente las llamas. Varias lograron escapar pero a otras se les negó la posibilidad de huir y fueron condenadas a morir calcinadas.

 

Yoselin Yamilet Barahona Beltrán ha sido la última niña identificada. “Yami” como la conocía su familia tenía 15 años, estaba en segundo básico y entró a este hogar después de que sus familiares pusieron una alerta Alba Keneth (protocolo de acción para localizar y poner a resguardo a niños y niñas desaparecidos), para protegerla. Días antes había sido víctima de violencia sexual. La mamá de Yamilet murió en un accidente sobre la calzada San Juan hace 14 años, Yamilet tenía tan solo un año de edad cuando eso ocurrió y no tiene papá, por lo que su reconocimiento por medio de ADN fue difícil. Tiene dos hermanos Brandon de 19 años y Bryan de 22 años.

Daily Analí Domingo Martínez se fue a vivir con su tía para evitar los malos tratos por parte de su padre. En enero, su padre la denunció y Daily fue a parar al Hogar Seguro. Su madre lo llama Casa Criminal: “Quiero que se haga justicia, no sólo por mi hija o las otras niñas que ya murieron, sino también por las que están luchando por sobrevivir. Esa tragedia la provocó una mano criminal”.

El viernes 24, Prensa Comunitaria informaba del hallazgo de un nuevo cuerpo. La víctima 41 del incendio. Murió en un hospital de Cincinnati (Estados Unidos) donde permanecen otras tres niñas, en situación grave. Falta información sobre estos y otros casos. El Estado guatemalteco no informa tampoco del estado de las jóvenes que fueron a parar a hogares públicos y privados tras el incendio. El Ministerio de Salud no ha emitido un informe sobre la atención que dieron a las 41 víctimas oficiales. La  Procuraduría General de la Nación no atiende a las familias de las víctimas y el Estado no se hace cargo de los gastos de los entierros de Rosa Julia, Indira, Skarlet, Ana o Yoselín.

Las historias de las niñas del Hogar de la Virgen de la Asunción son muy diversas. Algunas de las niñas que vivían en el “hogar seguro” eran huérfanas, algunas con diversidades funcionales, venían de familias pobres, y al menos nueve estaban embarazadas. Otras eran jóvenes indígenas, con historias de violencia sexual, abortos forzados, embarazos por violación sexual. Otras huían del reclutamiento forzado de las maras o del crimen organizado. En un contexto de neoliberalismo como el de Guatemala y otros países de la región, las niñas y adolescentes, identificadas como incapaces de cumplir con las normas, son perseguidas y sus cuerpos criminalizados.

En Guatemala, dos mujeres son asesinadas diariamente por el hecho de ser mujeres. Las políticas siguen criminalizando a personas precarizadas (pobres, indígenas, mujeres, niñas y niños, homosexuales, hombres y mujeres trans, trabajadoras sexuales, personas no binarias). La violencia sexual es cotidiana en las calles y en los centros administrados por el Estado. Los testimonios de las supervivientes del incendio han vuelto a poner en el centro del debate cómo el derecho ordinario considera algunas vidas como “humanas”, frente a otras como las de las niñas quemadas, cuyos cuerpos son borrados y criminalizados en un sistema de justicia ordinaria que no alcanza para todos.

La criminalización incluye persistentes imágenes de hipersexualización infantil que sirven para justificar la violencia sexual tanto fuera como dentro de las prisiones y de los centros estatales de menores. Fuera de los albergues juveniles estatales, las agresiones sexuales contra las niñas, que son perseguidas como “delincuentes”, es un castigo sobre el cuerpo de las adolescentes que combina racismo, clasismo, misoginia y capacitismo. Además, la situación de desalojo, despojo y desposesión que viven en las calles, provoca que aproximadamente 50.000 menores no acompañados/as centroamericanos/as migren forzadamente cada año a los Estados Unidos en condiciones de extremo riesgo constante.

Hasta el 27 de marzo, la cifra oficial de fallecidas es de 41.
Hasta el 27 de marzo, la cifra oficial de fallecidas es de 41.

 

Dentro de los centros de menores como “hogar seguro”, administrados por los servicios sociales del Estado guatemalteco, la violencia sexual es un abuso permanente, aunque no reconocido. Tal como narran los testimonios de “hogar seguro”, el abuso sexual es así una forma de castigo a las mujeres menores “encarceladas” que, en ocasiones como en el caso mencionado, llega a institucionalizarse clandestinamente.

Esto nos hace preguntarnos hasta qué punto los servicios sociales para la infancia sirven para prevenir violencias sexuales, si estos centros juveniles siguen funcionando en detrimento de las niñas. Los marcos legales que centran la discriminación individual desde la “perspectiva del menor infractor” y de los que son considerados como “imposibles” de existir, no solo fracasan sino que encierran racismo y sexismo estructural.

Límites del derecho ordinario

En el caso de “Hogar seguro” (un hogar de muerte segura) las constantes violaciones sexuales a las niñas por trabajadores, monitores del centro y otras autoridades nos hablan de los límites del Estado y del derecho en la administración cotidiana de programas, políticas e instituciones destinadas a la infancia.

Algunas de las negligencias del estado Guatemalteco que se manejan en el caso, señaladas como inoperancia e incapacidad por parte del gobierno del presidente guatemalteco Jimmy Morales y del sistema de justicia son las siguientes: que 1) la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia de Guatemala no acató, sino que apeló la orden judicial de 2016 que exigía una transformación del “Hogar Seguro”. 2) No se financiaron los funerales de las niñas y 3) a las personas supervivientes las enviaron a sus casas, en donde previamente muchas habían vivido abusos y maltrato. 4) El control de información sobre los menores en este y otros albergues juveniles no se resguardó adecuadamente, por lo que no existen cifras exactas sobre los y las niñas que vivían en el centro.

Velatorio de una de las niñas fallecidas en Ciudad de Guatemala.
Velatorio de una de las niñas fallecidas en Ciudad de Guatemala.

¿Vida segura?

En un mundo en el que cada vez más la idea de “seguridad” se asocia al encarcelamiento de la gente más pobre y más frágil de la sociedad, es urgente explorar algunos terrenos nuevos de justicia. Aunque las cárceles para mujeres, las instalaciones juveniles, los centros de menores y de detención de migrantes sean obsoletos, la desaparición del sistema punitivo carcelario aún es una utopía que merece ser repensada.

La violenta sexualización de la infancia en los “hogares seguros”, que también son cárceles, trae un sin número de problemas, lo que motiva a hacer una crítica al sistema de prisiones. Estos “hogares seguros” funcionan como espacios arquitectónicos de disciplinamiento y normativización corporal de la infancia en los que se les educa como potenciales “criminales”. En las calles, la policía condena con perfiles raciales a la infancia y adolescencia y en los “hogares seguros” como el de este caso, ellas fueron “encarceladas” y privadas de su derecho más fundamental, su derecho a tener derechos. Para las niñas es aún más complicado, debido a que enfrentan violencias que ya han confrontando previamente en sus hogares y en sus relaciones íntimas.

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Los imaginarios que existen en torno a la sexualidad, particularmente la intersección de “raza”, color de piel y clase, crean efectos en el tratamiento que reciben las niñas empobrecidas, algunas de ellas de familias indígenas, tanto dentro como fuera de estas prisiones.

Pensar los albergues estatales para estos niños y niñas como espacios “seguros” es atractivo en la cara del miedo. Sin embargo, la hipervigilancia y el duro disciplinamiento corporal y emocional en estos centros sólo ha alimentado los voraces sistemas punitivos con constantes torturas, golpes brutales, abusos, violaciones sexuales por trabajadores, monitores y otras autoridades y denunciadas por las niñas.

Políticas feministas: por un modelo alternativo de justicia

En los últimos días se han producido, una y otra vez, vigilias, concentraciones y protestas multitudinarias en calles y plazas de Guatemala,México,El Salvador y en otras partes. Han sido motivadas por la rabia, la ira y el dolor que produce la acción (o inacción) los agentes de Estado (Policía Nacional Civil y otros actores). La indignación de que la policía y otros agentes de Estado sean cómplices de este crimen y de que sus informes se conviertan en plataformas de ellos mismos (que son quienes hablan), ha traído de nuevo la tensión entre la administración de justicia y los límites del derecho así como entre proponer reformar los “hogares seguros” o abolirlos definitivamente.

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Las reformas sugeridas apuntan a exigir el no hacimiento de niños y niñas en estos centros; brindarles acompañamiento emocional que respete su intimidad y su situación personal; generar un trato no-criminalizante, invertir en aumentar la remuneración de las plantillas del centro así como contratar personal con mayor formación en infancias y juventudes, con experiencia y sensibilidad comprometida.

Más allá de que el Estado guatemalteco cumpla con el arresto de los responsables, para las feministas y la gente que ha salido a manifestarse a las calles, esto no implica que no puedan pervivir formas alternativas de justicia que denuncien públicamente a través de escraches a los responsables o que acompañen y respalden a las familias en las frías salas de los tribunales.

*Investigadora posdoctoral de Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM

fue el sistema

Por: Jimena Minaya. Publicado en (Casi) literal

«Este cuerpo es mío: no se toca, no se viola, no se quema, no se mata».

Son 30 o 36. No: hay 38. Aunque parece que son 43, pero no está confirmado. Son 40 pero aún falta el resultado de la prueba de ADN de un cuerpo. Si son 39 o 42, no se sabe. ¿Cuáles son los nombres? ¿Están confirmadas sus identidades? No, no, no lo sabemos, no estamos seguros, es posible o no. Durante las últimas semanas hemos tachado y vuelto a colocar un número sobre otro. Hoy tenemos el dato de 41 cuerpos de niñas y jóvenes muertas, calcinadas en las llamas, ya identificadas con nombres y apellidos.

Guatemala es uno de los países con mayores índices de desigualdad. Las élites dominantes en el país se conformaron en diferentes momentos de la historia nacional, recibiendo o provocando la obtención de tierra, fuerza de trabajo, carreteras, puertos y en general cuanto insumo y elemento fuera necesario para desarrollar su propuesta de «progreso» y «civilización» de formas poco lícitas y oscuras, basadas en la explotación, el robo y el saqueo de recursos mediante el engaño, el endeudamiento y la manipulación política y legal.

Este lugar que habitamos ha sido despojado y estratégicamente desarticulado, y a la población se le ha bloqueado de casi cualquier oportunidad de crecimiento y mejoras en  calidad de vida.

Actualmente, el proyecto neoliberal impulsado por las grandes potencias mundiales a través de transnacionales y mega-corporaciones utiliza a países como el nuestro como pequeños elementos dentro del gran engranaje que les permite un funcionamiento de buenos resultados para su población, a cambio, a nosotros nos dejan una serie de problemas sociales, económicos y políticos que van desde el rompimiento del tejido social, la criminalización, el despojo y, sobre todo, la manutención de un sistema oligárquico interno que, en sus asociaciones con el capital extranjero, ve la manera de echar a andar novedosas formas de generar riquezas y mantener el status quo.

La dinámica sostenida por la élite local se logra identificar por ser una de las más torpes e ineficientes y son el resultado de las malas decisiones estrechamente ligadas al racismo, a la idea de «blanquitud» que por casi dos siglos se ha mantenido presente en nuestra sociedad excluyente. Son las dinámicas que han llevado a Guatemala al límite de la miseria.

Pareciera que en lo que han tenido su mayor éxito ha sido en la conquista del mundo subjetivo, sobre todo el de las capas medias que ven de forma aspiracional a quienes únicamente los voltean a ver de reojo, como la simple mano de obra barata pero calificada que sirve para ejercer pequeñas gerencias y secretarías, y para seguir transmitiendo los valores, prejuicios e ideas que puedan justificar la existencia misma de la oligarquía local.

La muerte de cada una de las 41 niñas es responsabilidad del país semifeudal con aspiraciones capitalistas neoliberales del que, como vil lacayo, se constituyó el Estado, manteniéndose servil  a los intereses de los pocos por sobre su deber de preservar el bien común.

Justicia por las niñas de Guatemala, por cada uno y cada una de las personas que fallecen víctimas de la corrupción, pero sobre todo como víctimas del sistema mismo, que mantiene toda una red compleja de relaciones entre crimen organizado, oligarquía local, transnacionales, latifundistas dueños de la tierra, empresarios y demás figuras y elementos que necesitan mantener un ambiente de temor y horror, de inseguridad y deshonestidad, y de individualismo y egoísmo, para así seguir haciendo lo que les plazca, dirigiendo la riqueza limitada de nuestra tierra a sus bolsillos.

Son 30 o 36. No: hay 38. Aunque parece que son 43, pero no está confirmado. Son 40 pero aún falta el resultado de la prueba de ADN de un cuerpo. Si son 39 o 42, no se sabe. ¿Cuáles son los nombres? ¿Están confirmadas sus identidades? No, no, no lo sabemos, no estamos seguros, es posible o no. Pero no queremos, no deseamos y no podemos permitir que esto siga siendo posible.

 

Por: Ana Cristina Alvarado.

Lunes 27 de marzo,  en el centro de Buenos Aires se realizó una nueva manifestación, más de 80 personas se concentraron frente a la Cancillería, con el objeto de presentar una carta de repudio por la masacre del 8 de marzo efectuada contra las niñas guatemaltecas que fueron calcinadas en el Hogar Seguro “Virgen de la Asunción” en el departamento de Guatemala.

En la carta se denuncian los maltratos que reciben los niños y niñas de este y todos los centros asistenciales que administra la secretaría de Bienestar Social de la Presidencia de Guatemala, se denuncia al gobierno de Jimmy Morales y al Estado guatemalteco como femicida responsables de la muerte de las 41 niñas, se exige justicia y que se garantice la protección especial a las sobrevivientes.

El ministro, Samuel Ortiz Basualdo responsable de la cancillería de América Central, el Caribe y México se presentó ante los manifestantes y se comprometió a trasladar la carta de forma directa a la Cancillería.

Este documento se presentó ante el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, dirigido a la Dra. Susana Mabel Malcorra, sobre la avenida Arenales 918.

Una manta hizo visible el mensaje “Guatemala Estado femicida”, las mujeres que en su mayoría formaron esta movilización portaron siluetas de niñas en color negro con los contornos de color morado.

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